Sobre el reporte sobre las condiciones de derechos humanos de las mujeres #trans en México


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Deseo compartir algunos hallazgos interesantes del “Reporte sobre las condiciones de derechos humanos de las personas trans en México” elaborado por el Centro Médico LGBT de la Escuela de Leyes de la Universidad de Cornell de Estados Unidos este año.

El documento ijnforma que desde que México reconoció en el año 2010 el matrimonio entre las personas del mismo sexo se han incrementado los brutales asesinatos a la comunidad trans de tal forma que de 2010  a 2011 se duplicaron pasando de 14 a 33.

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Como ya se ha señalado en otros estudios, México tiene la segunda tasa más alta de crímenes motivados por transfobia en Latinoamérica, sólo después de Brasil, siendo Chihuahua, Guerrero, Jalisco, Ciudad de México y el Estado de México los estados donde se registran más asesinatos.

 

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También reconoce la terrible violencia que sufren no sólo de la ciudadanía sino de la policía y los militares quienes realizan detenciones arbitrarias, extorsiones y abuso físico, siendo reconocidos por muchas como sus principales depredadores. En el caso de los militares, cuya presencia se ha incrementado a partir de la “Guerra contra las Drogas” (2006-2012), se ha documentado daño en áreas que se han militarizado, siendo las mujeres trans objetivos visible cuya agresión se ha visto incrementada. Ambos, policía y militares, rara vez son castigados por estos abusos.

También identifica que las mujeres trans son víctimas de las redes de secuestro, extorsiones y tráfico humano tanto de cárteles de drogas como de la violencia de crimen organizado. La situación se torna más grave cuando se reconoce las relaciones que han tenido el gobierno mexicano y los carteles en diferentes incidentes relacionados con violaciones a derechos humanos, como en el caso de la masacre de San Fernando en Tamaulipas entre 2010 y 2011 o los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

Lo anterior se suma a factores sociales que generan un mayor contexto de vulnerabilidad a la violencia como el rechazo de la familia, la violencia de género, la religión, la marginación económica, la falta de documentos de identidad acordes con el género, la falta de acceso a la salud, la prevalencia de VIH-SIDA así como la ausencia de tratamiento, entre otros factores.

Si bien, el documento es elaborado a partir de las experiencias de solicitud de asilo a Estados Unidos, contiene testimoniales valiosos que respaldan una afirmación cierta y trágica: “El gobierno de México es incapaz de proteger efectivamente a las mujeres trans”.

Rebeca Garza

@Riva_Azatl.

 

Fuente:

Transgender Law Center and Cornell University Law Scholl LGBT Clinic (2016). Report on human rights conditions of transgender women in México. Liga: http://transgenderlawcenter.org/wp-content/uploads/2016/05/CountryConditionsReport-FINAL.pdf

Las diversidades identitarias femeninas en Oaxaca no las exenta de la violencia.


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“Coyolxauhqui” de Laura Hernández, pintora oaxaqueña

Ya no comparto la idea que haya una “esencia de mujer” como tampoco considero que haya una esencia de “ser hombre” o de cualquier otra identidad. Al contrario, comulgo con los diferentes estudios que consideran que todas las identidades son productos socialmente construidos dentro de un contexto histórico y cultural determinado, por lo tanto, las identidades no son fijas, inmutables ni monolíticas sino en constante cambio, fluidez e influencia constante de su entorno.

En el caso de Oaxaca, me parece que diversos órdenes simbólicos participan en la construcción de las diferentes  identidades femeninas –porque no existe una sola- tanto en su género social como subjetivo, principalmente el ordenador de género que atraviesa a todas las sociedades en todos los momentos históricos y que asume como superior lo masculino sobre lo femenino.

Pero también hay un fuerte componente  étnico que participa en la construcción de las identidades femeninas oaxaqueñas a partir de la discursividad zapoteca, mixteca, mixe, huave, chinanteca, cantina,  mazateca, triqui, cuicateca, cantina, amuzga,  chocholteca, afrodescendiente, entre otras, y que amplía el abanico identitario.

La diversidad cultural en Oaxaca incluso permite la existencia de geografías identitarias no binarias como sucede con las identidades muxe y nguiu de las sociedades zapotecas istmeñas  o las biza’ah de Teotitlán del Valle, donde se borran o atraviesan las fronteras de lo considerado femenino y masculino, como espacios separados, opuestos, excluyentes y complementarios.

Asimismo, Oaxaca no está exento de las influencias de la globalización con sus diferentes efectos tanto positivos relacionados a la visibilización de otras identidades con un fuerte discurso político como las mujeres lesbianas, bisexuales, trans, intersex, entre otras, como sus efectos negativos relacionados con la perpetuación de estereotipos de género que pretenden asimilar y homologar el resto de posiciones identitarias a un discurso hegemónico de validez, superioridad y/o belleza con características relacionadas con el color de piel, la estatura, la complexión física, el ingreso económico, entre otras,  y que participan en la hipersexualización y cosificación de los cuerpos de todas las mujeres.

Cualquiera que sea la geografía social y subjetiva en la que surgen las identidades femeninas en Oaxaca ninguna está libre de las diferentes formas de violencia que se derivan de la forma en que cada orden simbólico –de género, étnico, de clase, etc- jerarquiza y valora qué es superior y qué es inferior de tal forma que no hay ningún espacio social donde los cuerpos identificados como mujeres sean consideradas inferiores a aquellos reconocidos como hombres y que se refleja en el acceso inequitativo a las estructuras e instituciones que representan los poderes políticos, económicos, sociales y religiosos.

El problema de esencializar la identidad femenina mediante un discurso que lo mistifica al sobrevalorar ciertas funciones ligadas con la reproducción o ciertos atributos que se asumen como naturales como la sensibilidad, la espiritualidad, la intuición, entre otros, es que oculta los discursos y prácticas que a partir de su iterabilidad construyen la normatividad simbólica, social, institucional y legal que determina qué espacios y funciones corresponden a las mujeres y cuáles a los hombres.

Este orden normativo no sólo justifica el status quo porque “así siempre ha sido” sino que justifica las diferentes formas de violencias que surgen como respuesta a las exigencias, prácticas y discursos que buscan generar mejores condiciones de igualdad a partir de una lógica democrática en clave de igualdad y de derechos humanos y que van desde la negación de espacios y prerrogativas sociales y políticas (como ejercer ciertos cargos o participar en determinados mecanismos democráticos) hasta las diferentes formas de violencia física, psicológica o sexual así como el la violencia doméstica, callejera, institucionalizada, comunitaria y la más grave, la feminicida que se ejerce contra cualquier niña, adolescente o mujer adulta (solamente este año se han registrado más de 84 casos de mujeres cisgénero mientras que el de las mujeres trans no se lleva la cuenta).

Las cifras de violencia hacia las mujeres en México que hablan de más de dos mil mujeres cisgénero asesinadas cada año, más de siete mil desaparecidas en cuatro años y el segundo lugar de México a nivel mundial en asesinatos transfóbicos revelan que ninguna mujer está segura en el país.

Sin embargo, la suma de factores relacionados con la precariedad, ser mujer indígena, estar en situación de calle, ser migrante, ser lesbiana, bisexual, trans, intersex, ejercer el trabajo sexual y/o ser defensora de derechos humanos aumentan la situación de vulnerabilidad.

A pesar que actualmente se cuenta con un robusto andamiaje jurídico local, nacional e internacional, producto de las demandas feministas, para generar mecanismos para proteger a las mujeres a una vida libre de violencia y acabar con la impunidad persiste la apatía de gran parte de la ciudadanía y la indiferencia de las autoridades para evitar que nos sigan excluyendo, invisibilizando, cosificando  y asesinando.

Rebeca Garza

@Rivka_Azatl

 

Sobre la educación sexual en la infancia


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El pasado 9 de noviembre la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) avaló la obligación del Estado para impartir educación sexual a menores de edad.[1]

Una mujer de Aguascalientes había impugnado algunos artículos de la Ley General de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes, emitida en diciembre de 2014 porque, entre otras cosas, consideraba que el Estado interfería excesivamente en la patria potestad cuando reconoce que niñas, niños y adolescentes tienen derecho a la educación y a servicios en materia de salud sexual y reproductiva.

Claro que esta ley ha alarmado a un gran sector movido por prejuicios machistas que consideran inapropiado que el Estado asuma su papel en educar en temas como la “preferencia sexual” o sobre métodos de control reproductivo y consideren que esto genera un “ambiente nocivo”[2] para la niñez mexicana.

En diversos apartados, la ley establece las obligaciones de las autoridades federales, estatales y municipales para asegurar el acceso a derechos humanos (como la educación) por parte de niñas, niños y adolescentes especialmente para quienes viven situación de vulnerabilidad, entre otros, por aspectos de género, preferencia sexual o prácticas culturales.

Sin embargo, la existencia de la ley ni este criterio de la SCJN garantiza que la discriminación y vulneración de derechos humanos a niñas, niños y adolescentes dejen de suceder dada la introyección de prejuicios raciales, de género, religiosos, clasistas, corporales y funcionales que siguen legitimando socialmente la exclusión  y consideran a estas leyes una imposición a su “derecho de madres y padres” de educar a sus hijas e hijos sin cuestionarse sus propios prejuicios y aislándose de la convivencia democrática que debe existir en sociedades plurales.

Por ejemplo, en el pasado mes de octubre estudiantes y madres y padres de familia se manifestaron en contra de una alumna trans de una preparatoria de Colima quien además era violentada por la directora e ignorada por la SEP y en 2014 un colegio privado de Nuevo León tuvo que pagar 161 mil pesos después de 7 meses de litigios a una pareja de hombres gay por expulsar a su hija de 3 años sólo por pertenecer a una familia homoparental.

El problema es que estos prejuicios también están introyectados en las personas que integramos las instituciones públicas y aunado a la ausencia de una verdadera convicción democrática se traducen en  pasividad e incluso contubernio que legitiman violencias y que judicializan y encarecen el acceso a derechos humanos fundamentales resultando nuevamente más perjudicados los sectores más desprotegidos colocándoles en una espiral de vulnerabilidad por razones de pobreza, falta de acceso a la educación o a un empleo negados por su origen étnico, su condición sexo-genérica o sus funciones corporales.

Rebeca Garza

@Rivka_Azatl

[1] http://www.eluniversal.com.mx/articulo/nacion/sociedad/2016/11/9/suprema-corte-avala-que-menores-reciban-educacion-sexual

[2] http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2016/11/09/scjn-constitucional-derecho-de-los-menores-a-educacion-sexual

 

El efecto Trump y el incremento de odio hacia población más vulnerable.


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La reciente victoria de Trump ha levantado señales de alarmas no sólo por su agenda política sino porque su triunfo ha dado carta de naturalización a los prejuicios racistas, misóginos y hacia la  población de la diversidad sexual.

Poco después de su triunfo,  han surgido agresiones homofóbicas y racistas. Aparecieron en escuelas de Estados Unidos pintas que decían “bye bye Latinos hasta la vista”, “la vida de los negros no importan, tampoco su voto”, “poder blanco” y han llamado “recolectores de algodón” a las personas negras e incluso han llegado a las agresiones físicas.

Esto me parece preocupante por las siguientes razones:

  1. Sin los pronunciamientos y respuestas institucionales eficaces y prontas que rechacen y sancionen estas agresiones se corre el riesgo de normalizar el discurso de odio y sus manifestaciones.
  2. Esta normalización no sólo generaría más violencia, sino que pudiera permear en la institucionalización de la discriminación bajo un malentendido discurso de la mayoría por medio de acciones u omisiones que signifiquen estancamiento, en el mejor de los casos, o retrocesos en materia de derechos humanos.
  3. Lo anterior, puede tener un efecto en México donde grupos conservadores que ya se han pronunciado contra los derechos de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, contra el matrimonio igualitario y las leyes de identidad de género, pueden ver también legitimadas sus aspiraciones al intensificar acciones que rechacen los pocos avances logrados o que modifiquen el entramado institucional que protegen derechos.

El escenario tanto en Estados Unidos como en México parece complicado, especialmente para aquellas personas que encarnan múltiples categorías de opresión: como las mujeres y personas no binarias en situación de precariedad, racializadas y/o con una condición translésbica.

Por lo tanto, me parece que  las instituciones y los procedimientos democráticos creados para proteger derechos humanos seguirán estando a prueba ante la constante tensión propia del principio de mayoría que no puede existir si se vulneran derechos de las minorías.

Rebeca Garza

@Rivka_Azatl

Día de #RemembranzaTrans #Oaxaca2016 #TDoR



Te invitamos a que nos acompañes a recordar s nuestras hermanas y hermanos trans que fueron asesinadxs por el odio transfóbico y misogino.

Te invitamos a que nos acompañes a leer sus nombres, a encender una veladora por su memoria y exigir justicia y alto al odio transfóbico. 

Sobre “Sujetos Excéntricos de: la teoría feminista y la conciencia histórica” de Teresa de Lauretis… y otros textos 


Aquí el texto de referencia. 

Teresa de Laurentis propone desarrollar lo que llama la conciencia entendida como “la reconstitución crítica y colectiva del sentido de la experiencia social de las mujeres, como lo viven ellas mismas…) para dar forma a una teoría crítica feminista que se cuestiona a sí misma al cuestionar su “su propia relación o complicidad con esas ideologías, su propio cuerpo heterogéneo de escritos e interpretaciones, sus supuestos y términos básicos y las prácticas que la capacitan y son la base de su surgimiento”.

El término de la conciencia me parece un punto de partida muy complejo porque señala de Laurentis que “no es sólo una reacción a (luchar contra) la opresión. Es también una revaloraciónconceptual de todo el mundo social, su nueva reorganización con nuevos conceptos, desde el punto de vista de la opresión… un llamado a la práctica subjetiva y cognitiva.”.

A esto, de Laurentis le llama el tercer momento de la teoría feminista (¿tercera ola?) al inicio de su escrito cuando propone las características, que incluso ya empezamos a identificar en los debates contemporáneos relacionados con el género, el cuerpo y la sexualidad, como: del pasar a un sujeto monolítico y estable a uno fluido y sin fronteras definidas y el de re-articular el debate relacionado con los diferentes intersecciones de opresión que no serían como capas que se superponen sino que se vinculan, mezclan e interactúan “encarnadamente” en los diferentes niveles sociales y subjetivos.

Dado que el proceso de “comprensión” del sujeto o de la conciencia está contextualizado a un momento histórico, geográfico, social y subjetivo en constante cambio entiendo así la razón por la que de Laurentis hace un repaso entre las teorías marxistas, el feminismo de la igualdad y el de la diferencia que si bien lograban aprehender una parte de la compleja relación de la opresión de las mujeres por parte de los hombres eran insuficientes al universalizar y/o esencializar las categorías de opresión de forma aislada y ajenas a otros contextos.

Entonces, sugiere la herramienta del psicoanálisis lacaniano para desarrollar un punto o herramienta de resistencia contra la institución de la heterosexualidad que cosifica, objetiva y erotiza los cuerpos de las mujeres a partir de la construcción de una geografía identitaria fuera del binario femenino-masculino consciente además de las especificidades e incluso las contradicciones que se puedan dar entre las diferentes categorías capitalistas, raciales o colonialistas.

Retoma a Witting (en realidad cita a varias autoras pero retomo lo que refiere de ella) cuando propone el sujeto llamada lesbiana (sociedad lesbiana) que va más allá de la orientación sexual y de la negación por desempeñar “rol de mujeres” sino como una especie de comunidad imaginaria fuera de la institución de la heterosexualidad al negarse tanto como hombres y mujeres.
Esto me recordó al texto”El ojo saturado de placer” de María Rubio que sugiere la desaparición o negación del cuerpo femenino aún a costa del propio placer visual como la estrategia más crítica y radical para destruir el “placer del ojo masculino” que ejerce el poder de legitimar la diferencia  sexual para subordinar lo que se considere femenino bajo lo masculino.

De Laurentis, propone que esta tercera etapa de la teoría crítica feminista “renuncie a su hogar como lugar seguro” que entiendo no solo implica mirarse a sí misma y cuestionarse sus propios discursos hegemónicos sino aventurarse a lo conceptualmente desconocido y riesgoso donde ni siquiera contamos con el lenguaje para asirlo pero que existe encarnado en las personas y que cuando han tenido la oportunidad han hecho su propia crítica como cuando narra las reivindicaciones de las mujeres negras y, así entiendo, cuando se refiere a la “teoría de la carne” (cuando retoma a Cherrie Moraga).

Y, aquí es donde pienso en Alba Pons Rabasa cuando señala que el estudio de lo Trans* (no limitado sólo a lo transgénero/transexual pero también enriquecido de sus reflexiones críticas y experiencias) como epistemología puede significar lo que Celia Amorós llamó “Vetas de ilustración” -entendido como “procesos crítico-reflexivos dentro de culturas ajenas o diferentes a la Ilustración Occidental y que amplían su concepto de universalidad y, por ende, lo vuelven más plural”- a la teoría crítica feminista en esta tercera etapa.

Es decir, lo trans* como herramienta conceptual tiene el potencial de dotar de mayor pluralidad e inclusión la nueva teoría crítica feminista que emerja a partir de cuestionarse sus propios discursos que invisibilizan privilegios al mismo tiempo que puede permitir tender los puentes entre los espacios que se han abierto a partir de las construcciones identitarias que han ido surgiendo y se piensan fijas, definidas, con intereses, agendas y luchas propias.

Es pues, esta conciencia de la que habla de Laurentis y que alimentaría esta teoría feminista lo que permitiría pasar de las identidades a las identificaciones, como lo señala Sofía Argüello, en donde ésta última constituiría “grupos emergentes en relación con demandas políticas” y “formas en las que los actores sociales asumen una posición de sujeto en las configuraciones sociales en las que interactúan”. Esta idea tendría presente el carácter procesual, relacional y colectivo de la emergencia de las identidades al mismo tiempo que se evitaría el borrado de las diferencias intragrupales.

Rebeca Garza

@Rivka_Azatl