Nacimiento en Xitlama


Jueves 06 de septiembre de 2007.  Después de subir al blog los comentarios referentes a la muerte de Luciano Pavarotti fui, junto con otros compañeros del trabajo, a la sierra para continuar con la instrumentación del taller de intervención educativa “Ser mujer” (para mayor información al respecto, pulsa aquí).

 

Justo antes de llegar a la localidad en cuestión (Xitlama) que se encuentra enclavada en el fondo de una especie de valle dentro de la misma sierra un jovencito de aproximadamente 18 años nos detuvo y pidió de favor que lo lleváramos a la Clínica de Salud. Se le contestó que exactamente ahí íbamos puesto que ese es el lugar donde se realizan los talleres, por lo que accedimos. El rostro, un tanto desencajado, sonrió de improviso y nos dijo apresurado al mismo tiempo que se daba la media vuelta: “Espérenme, entonces, ¡voy por mi mujer!”. Subió corriendo una pequeña vereda para dirigirse a una de las dos chozas que se ocultaban entre los pequeños árboles de las faldas del cerro.

 

“Quizás su esposa está enferma”,dijo el Vocal Secretario, quien manejaba. “No, ‘Lic.’ debe estar embarazada y quizás está a punto de dar a luz”, comenté tomando como referencia los índices demográficos de Zoquitlán donde el 70% de la población femenina mayor a 15 años tiene cuatro o más hijos.

 

Tardó mucho en regresar pero después de un buen rato pudimos ver la razón. Efectivamente, venía cargando envuelta en una cobija gris a una jovencita, con rostro todavía con rasgos infantiles: cara redonda, tez radiante, chapitas en las mejillas quizás de frío, quizás de dolor, porque eso sí, gemía de dolor. Era evidente que ya no soportaba más.

 

Como la camioneta que a pesar de ser de doble cabina iba llena por personal del IFE y de la SEP, mejor me salí para que la embarazada se pudiera sentar en el lugar del copiloto. Apenas si cabrían ella, su enorme panza y la cobija que la envolvía como tamal.

 

Nos pasamos a  la parte trasera de la camioneta su servidora y el futuro flamante padre. “¿Cuántos años tiene tu esposa”?, le pregunté. “17 años”, me contestó ya muy preocupado. “¿Y es su primer embarazo”, arremetí nuevamente. “Sí”, me dijo nervioso. “Y desde cuando le empezaron los dolores”. “Desde la tres de la mañana”. “¡Qué bárbaros! ¿y por qué no la llevaron antes a la clínica?”, pregunté casi sorprendida puesto que ya casi eran las dos de la tarde. “Es que esperábamos que diera a luz en la casa pero no ha podido y mejor decidimos bajar”.  “¿Y no sabes si ya le escurrió como agüita entre las piernas?”. “Sí, eso ya…..”.  Y mejor me callé, pensé que ya no tardaba en nacer la criatura.

 

El Vocal Secretario siguió bajando entre el zigzagueante camino de terracería a toda la velocidad que le permitía la gravedad y la prudencia. Sólo veía que pasaban a nuestros costados vertiginosamente pequeños árboles llenos de duraznos o manzanas.

 

A medio camino nos alcanzó el suegro. Nos detuvimos. Le dijo al yerno que nos “esperaba abajo” a respuesta de la invitación de que lo llevábamos también. Y efectivamente, veredeando recorrió prácticamente una línea recta hacia la clínica y cuando llegamos, ahí estaba, fresco como una lechuga, sin gota de sudor ni sofocado.

 

Con rapidez, un poco de torpeza pero mucha preocupación el joven se llevó a su esposa dentro de la clínica. Fue la última visión que tuvimos de la pareja antes de……..

 

Bueno, nosotros como dije anteriormente íbamos a la realización de un taller que no estuvo exento de pequeños contratiempos relacionados con el embarazo y la triste burocracia mexicana y, aunque no pretendo ser criticona con este escrito, la insensibilidad de ciertas autoridades a las necesidades básicas de las comunidades indígenas:

 

Primero que no estaba el doctor encargado y responsable de la clínica, sólo estaban las enfermeras pero que ninguna se podía responsabilizar del parto, que mejor se la llevaran a la cabecera municipal de Zoquitlán donde sí había un doctor (pero en realidad no nos aseguraban eso). La dichosa cabecera estaba aproximadamente a 40 minutos de distancia con buen camino, pero no se tenía ninguna garantía de llegar ni a tiempo ni de encontrar quien verdaderamente la atendiera. Nos pidieron apoyo porque no había ni siquiera otra camioneta en la localidad que la pudiera sacar. Todos esto sucedió entre ires y venires y dimes y diretes, del parto y la instrumentación del taller. Justo cuando ya se había acordado que el Vocal Secretario llevaría a la mujer y su esposo a la cabecera municipal acompañado de una maestra de la SEP y el resto nos quedaríamos a terminar el curso, nos avisan que ¡ya había nacido la bebita! Sí, había nacido una niña.

 

¿Cómo nació? ¿Quién la ayudó? Creo que todo se dio de manera natural, improvisada y a la buena de Dios.

 

Una vez terminado el taller, todas pasamos a felicitar a los nuevos padres y a conocer a la nueva habitante de este mundo: una hermosa nenita, gorda, de cachetes rojos al igual que la madre, cara redonda y ya siendo amamantada por el ahora rostro satisfecho y feliz de su progenitora. El padre ya más tranquilo se mostraba orgulloso al igual que la tía de la muchacha. Les pedí permiso de tomarles unas fotos y accedieron gustosos.

 

Y de esta forma vimos que la Vida sigue su curso en todas las formas, en todos los lugares, en todas las circunstancias…… a pesar de las tristezas, las tragedias y la insensibilidad de ciertas autoridades.

 

 

  

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s