Terapia para corazones maltrechos.


Hace algunos ayeres, no muchos, digamos hace unos diez
añitos, era asidua de las películas de Woody Allen, en
donde como algunos recordarán, las psicoterapias eran pieza clave de sus mas
destacados filmes, algo así como si las sesiones psicoterapéuticas fueran el
detonante de sus conclusiones y siguientes acciones volviéndose de esta forma
en una especie de hilo conductor de la trama. No lo sé de cierto, pero esa es
la impresión que siempre tuve de esas películas.

Ahora bien, en honor a la verdad siempre pensé que este
director judío exageraba, quizás parodiando la importancia de la psicoterapia
en las grandes ciudades como Nueva York…. hasta que me tocó vivirlo. 

Por diversas circunstancias que no me convienen contar
puedo presumir, si se puede presumir esto, de llevar un año de psicoterapias
(bueno, analizando en retrospectiva creo que sí puedo presumir por ciertos
logros y avances personales) sin embargo el tener que llevar a cabo una para
superar una relación que ha terminado, sinceramente, en algún momento me
pareció un absurdo, pero como dije antes, hasta que lo vives.

Sin entrar mucho en detalle tengo la fortuna de contar con
la amistad de una persona que además de ser buena onda es psicólogo (a veces
con los años te olvidas de las profesiones de tus amigos, raro, ¿no?) quien
tuvo el caritativo detalle de “psicoterapearme”  el sábado pasado para salir de cierto atolladero en que estaba
metida. 

Su generosidad se tradujo en tres horas de charla
emocionalmente muuuuuuuuuy intensa (obvio, para mi), de autodescubrimientos, de
confrontaciones fuertes con la realidad, pero sobre todo, de tomar el toro por
los cuernos y aclarar por mi parte muchas cosas que no me resultaban del todo
claras pero a ojos de un tercero podían ser obvias (ya lo verán). 

Es decir, posterior a esa charla sentí como si me hubieran
cambiado el chip de la melancolía por uno de optimismo y mayor amor propio.
Nuevamente volví a sentirme dueña de mi capacidad de autodeterminación (y no
solo un simple “sí se puede”) y comencé a tomar cartas en el asunto. 

Que nunca dejas de querer, es cierto. Que el amor cambia y
se transforma, también es cierto. Que perdonar implica olvidar y olvidar implica
tener la capacidad de reencontrarte algún día con esa persona especial sin
hacerte daño, sin hacerle daño, y sobre todo, alegrarse por sus logros, por sus
avances en la vida, y compartirse con gusto que existe una vida después de ti  y que existe una vida después de esa persona
especial, creo que también es cierto, y es la gran prueba de fuego…. Y ese es
mi reto. 

Como dijo una querida amiga del alma (¿¿verdad, Laura??)
palabras más palabras menos: “Tu te pusiste hasta la madre por amor. Otra se
puso hasta la madre por desamor. Ella agarró la botella porque el cabrón no la
quiere, a ti, que te adoran, te emborrachaste llorando. Tu decidiste no estar.
Ella quiso estar y no fue aceptada. (…) Pero bueno, afortunada debes sentirte
porque hay alguien que te quiere mucho y sufre por ti, que eres valiosa para el
(…)Y siéntete afortunada de ser amada… no cualquiera guey.
” En letras
de oro escrito está. 

Y con otras palabras me lo dijo mi amigo (y si no me lo
dijo así lo entendí): “Quédate con el recuerdo, las cosas bonitas, pero acepta
lo que no puede seguir, olvida y adelante con la vida
”. 

Me regaló unos consejos y como él fue generoso conmigo, yo
quiero ser generosa con quien llegue a leer estas líneas por casualidad, y que
por más casualidad, viva lo mismo, o como diría Armando Fuentes Aguirre para mis “cuatro lector@s” (
a continuación parafraseo las palabras del doc):
 

1.      El
primer paso es estar segura de querer olvidar.

2.      Tira
todo lo que te recuerde a él. Si no lo quieres tirar pues escóndelo en un lugar
donde no lo veas: fotos, regalos, cartas, monos de peluche, y esas cosas.

3.      Borra
sus fotos del celular (esto sí me costó mucha fuerza de voluntad). Y las de la
computadora ponlas en una carpeta donde no la veas (no me lo dijo pero obvio
que lo tenía que hacer).

4.      No
le recibas llamadas (suele hacerlo). Si insiste, acepta una y dile que no te
llame más. Y no aceptes ninguna más. Si te envía mensajitos por el celular o te
escribe correos electrónico, bórralos sin leerlos. Y viceversa, no le llames ni
le escribas ni siquiera para decirle “Hola” (ooooops).

5.      No
hagas nada que te recuerde a él (claro, si tienes la personalidad de
enfrentarte a lo que te lo recuerda, adelante, pero por lo menos en mi caso,
mejor le saco la vuelta). Cero canciones que te lo recuerden, cero lugares
significativos, hasta que lo vayas superando (¿oíste Dany? Cero pedas virtuales
compartiendo música de dolor).

6.      Y
lo más recomendable, no iniciar ninguna otra relación  hasta cerrar este círculo… Qué difícil, ¿no?
 

He tomado el reto. Espero catafixiar 2.5 años de amor en
2.5 años de lindos recuerdos. 

Alguna vez te
comparé con la canción “The Wind Beneath My Wings”…. ahora me toca volar sola …Rebe.
 

 

 

 

 

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