El virus y sus metáforas



Ya salió la edición de junio de la revista "Letras Libres". El título de la portada parafrasea una obra de Susan Sontag (QEPD): "El virus y sus metáforas" y aborda especialmente los dilemas desatados por la influenza del mes pasado, no solo a nivel de salud sino también en área política, filosófica e incluso satírica. Vale mucho la pena leerlos no solo por la calidad de los autores invitados sino por lo que exponen, por ejemplo, que la epidemia no ha dado su nota definitiva, que no se descarta una segunda oleada como la  de 1918  que fue la que más muertes ocasionó, que ante una epidemia desconocida las medidas preventivas son vitales a pesar del costo económico, etc.


Les comparto el enlace porque los artículos me resultaron muy ilustrativos. Y algunos harto divertidos. Para visitar la página pulsa aquí.

Y como colofón, les comparto esta parte de la crónica de Guillermo Sheridan (regio, para variar) y que a mi me resulta un agasajo leerlo siempre. Este extracto, no les miento, me sacó lágrimas de risa por lo hilarante, desparpajado pero sobre todo el fiel retrato que hace de nuestra mala costumbre de automedicarnos.

Saludos
Rebe


Domingo. Efectos secundarios.

Por Guillermo Sheridan (Extracto)

Mi teoría sobre por qué la gente se muere de influenza en México y
no en otros lados (además de la desnutrición, claro) es la siguiente:
en México la gente se automedica, automedica a sus seres queridos y
automedica a quien vaya pasando. Lo único que a un mexicano le produce
más alegría que inyectarse dos centímetros cúbicos de
Dolobedoinyecta es recomendarle a un amigo que se inyecte tres centímetros de Dolobedoinyecta, pero al grano: directo donde le duela.

El mexicano cree que aprovechar los avances de la ciencia supone
emplearse a sí mismo como conejillo de indias. Esto desde luego
significa un negociazo para el fabricante de
Dolobedoinyecta, para el dueño de la farmacia y para el giro de la pompa fúnebre.

Cuando un mexicano se enferma lo primero que hace es echarse una
coca cola. Si no muestra mejoría, chupa un limón. Si los resultados
siguen siendo insatisfactorios, tiene dos opciones: a) echarse spray
“San Judas Tadeo” o b) proceder a la cirugía experimental. Si nada de
esto funciona, acude a la farmacia y compra su medicina fetiche (tener
una medicina fetiche es requisito para cargar la nacionalidad
mexicana). Esta medicina fetiche suele ser jarabe de azúcar con un
nombre persuasivo como
Sanadril o Fregoncilina. Luego se
la inyecta, aunque venga en presentación ungüento. Y en el caso de los
niños es peor, pues se parte del principio de que conviene cambiarles
la sangre por antibióticos a la brevedad posible.

La medicina Dolobedoinyecta, por ejemplo, tiene mucha demanda en el mercado de la automedicación porque su nombre está muy bien diseñado: dolo del latín duele, bedo obviamente alude a “beodo”, e inyecta
es para incluir en el nombre de la medicina las instrucciones de uso,
lo que le ahorra tiempo al paciente. Éxito garantizado, porque además
entendemos que toda intrusión de instrumento punzocortante en zona
blanda, por ese solo hecho, incluye la garantía. Y en nada colabora que
en México, por más específicas y delicadas, y por más advertencias que
tengan sobre los efectos secundarios, las medicinas estén en los
supermercados, junto a los chicles. Y la frase “requiere receta médica”
es como los semáforos: está pero no está.

En esa misma línea, y en estos días aciagos, la creciente
publicidad de los laboratorios en los medios de comunicación se dirige
al “H. Cuerpo Médico”, pero sobre el entendido de que el “H. Cuerpo
Médico” somos todos:

–Perdone, señito, o traigo una fibromalgiotitis de origen
esponditílico o se me descordinó el neutransmisor angioténsico.
Necesito algo de espectro fármaco amplio. ¿Qué me recomienda?

Dolobedoinyecta. Y oritastá al dos porún.

–Deme cuatro de favor.

(Aquí es importante notar que un día antes la señito trabajaba de
cajera en Telmex.) Una semana más tarde, por supuesto, al paciente ya
se le dilató, para siempre, lo que es el píloro.

Por último: ¿qué hacer cuando baja la demanda de Fregoncilina? Se aumenta la publicidad, se pone al tres por uno y se le cambia el nombre a Fregoncilina Plus.

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