Me he peleado con mis padres


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A Verito.


Todos en algún momento hemos sentido "odio" por
nuestros padres, especialmente cuando buscamos nuestra identidad
(como  en la adolescencia) y empezamos a chocar contra sus
ideas.

A ellos nadie les enseñó a ser padres, que los hijos no son de su
propiedad ni que pueden ser completamente diferentes de ellos (y que
esto es algo natural). Los hijos no vienen con un instructivo que digan
cómo deben ser criados y generalmente lo que terminan haciendo es
repetir los patrones que vieron y vivieron de otros núcleos familiares
como el de sus propias familias y otros cercanos, que generalmente
tampoco fueron ejemplos de relaciones sanas y cordiales.

Por otra parte, hay que reconocer que mucha veces, nosotros,
los y las hijas somos muy duros y exigentes contra los defectos y
errores de nuestros padres quizás porque seguimos idealizandolos
inconscientemente como para comprender que también son seres humanos
que vienen con su carga de estereotipos, traumas, miedos, prejuicios,
como cualquier vecino o el pariente lejano que nos hace "feo", y que
ellos tampoco son inmunes a los errores y/o quedarse rezagados en este
proceso de aprendizaje/evolución que vivimos todos a lo largo de la
vida.

De igual, todos los seres humanos tendemos al cambio, nada es inmutable, y cuando esto sucede aunque no lo deseemos las personas que nos rodean
también inician el suyo propio, no son solo espectadores ya que tienen
sentimientos hacia nosotros (positivos o negativos), interactuamos
mutuamente, ya venimos con una serie de experiencias compartidas de
construcción, de destrucción o de indiferencia y como cualquier cambio
del
status quo
al inicio hay una comprensible y esperada reacción de negación
al cambio (es parte de nuestra naturaleza humana) y así como nosotras,
ellos también tienen que vivir su propio proceso de adaptación a ese
cambio, unos reaccionarán bien, otros mal, y esa es su propia
responsabilidad pero la nuestra y solo la nuestra es cómo reaccionamos
ante la reacción de ellos.

Los responsables del dolor físico que nos pueda causar una persona,
con un golpe, por ejemplo, es esa persona que nos golpea y de ahí las
consecuencias que se deriven como exigirle la reparación del daño y
señalarle su culpa. Pero la responsabilidad de cómo se maneja la
emoción que surge de ese maltrato (físico, emocional, psicologico,
etc), es una cuestión meramente individual. Nosotros decidimos qué
tanto nos lastiman, nos dañan y nos afectarán emocionalmente las otras
personas cuando nos hacemos conscientes que nosotros dominamos nuestras
emociones y no ellas a nosotros.

No estoy diciendo que no se llore, que no se grite, o que no se golpee la
pared hasta el cansancio. Al contrario, si siente la
necesidad de hacerlo hazlo, es un proceso catártico, pero no debemos hacerlo contra otro ser humano (cosa que tendemos hacer a veces). Expulsar toda
esa energía negativa nos permitirá estar relajados para: el proceso del perdón.

Todos cometemos errores puesto que no somos perfectos más somos
perfectibles. Y el punto no es
cometerlos sino sacar el aprendizaje de ellos, superarlos y
posteriormente perdonarnos y perdonar. El ejercicio del perdón es un proceso catártico muy complejo de llevar pero
muy liberador a largo plazo. Es sanador, purifica, y además te vuelve
inmune contra los agravios.

A grandes rasgos, consiste
en que durante uno de los ejercicios de meditación que se acostumbre a realizar te
imagines a tu padre, madre (o bien, la persona que sientes te ha lastimado emocionalmente) en algún momento de tu vida, el que sea, donde la
hayan pasado bien, donde te haya hecho reír, algo que hayas disfrutado.

No existen las personas 100% malas ni buenas, todos somos una escala de
grises, por lo que algo debe haber en el pasado, incluso un regalo que
te haya realizado, una reunión donde haya habido armonía, un momento
especial para la familia que los haya unido aunque sea de forma
momentánea.

Cuando encuentres ese recuerdo, mentalizado, re-vívelo,
siéntelo despegándote por completo del presente. Vuelve a estar ahi. En
el momento que vuelvas a sonreír por esa anécdota, a revivir ese
sentimiento, abrazalo y perdónate y perdónalo mentalmente.

No es fácil,
pero puede ser el inicio de ese proceso largo de perdonar que nos
libera del pasado y nos impide concentrarnos en el presente y ver con
claridad el horizonte del futuro.


Variación No. 9 NIMROD
De "Variaciones Enigma" Op. 36
de Edward Elgar  (1857 – 1934)
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