Sobre la brecha de desigualdad que exist e en México en cuanto al acceso a la educación y el trabajo, por cuestiones de género


Para entender, en primer lugar, la importancia del acceso a la educación y el trabajo por cuestiones de género me voy a permitir citar el documento “Género y Educación en México” de Susan W. Parker y Carla Pederzini V. (Fuente: ) en donde se analiza la brecha de género por educación. Me limitaré a citar la relación entre educación y trabajo.

1. En general, las mujeres con mayores niveles educativos tienen mayor tendencia a participar en el mercado de trabajo, mientras que en el caso de los hombres el nivel educativo no afecta de la misma manera la participación laboral.

2. Lo anterior, se explica por dos razones:

a. La educación cambia los valores, intereses y actitudes que llevan a distintos patrones reproductivos y matrimoniales, que a su vez, están relacionados con la participación económica de las mujeres.

b. Un mayor nivel educativo aumenta la posición competitiva de la mujer en el mercado de trabajo e incrementa la información acerca de las oportunidades de empleo y la probabilidad de obtener un mejor trabajo.

Estas autoras, concluyen lo siguiente: que en las últimas cuatro décadas se ha logrado un importante progreso en la elevación del nivel educativo de la población mexicana en donde se ha duplicado el promedio de años de escolaridad y en donde se han reducido sustancialmente las diferencias educativas por género.

Esta reducción de la brecha de género la relacionan con dos factores:

1. La expansión general de los niveles educativos en América Latina que pudo haber tenido un impacto más profundo en la asistencia de las niñas, puesto que las escuelas se vuelven más accesibles y las niñas tienden a dejar de asistir cuando las escuelas se encuentran fuera de la comunidad.

2. Otro factor importante, es el aumento de la participación laboral de las mujeres que ocurren simultáneamente con el cierre de la brecha educativa por género y que, al incrementar los beneficios de invertir en la educación de las mujeres, refuerza el proceso de expansión de educación femenina.

Por otra parte, de acuerdo al Boletín “Desigualdad de género en el trabajo” de INMUJERES () “la variable años de escolaridad se asocia de forma positiva para acceder a mejores remuneraciones; su efecto indica que entre la población ocupada, cada año adicional de escolaridad representa un incremento de 2% en el ingreso. No obstante, este resultado no debe ser interpretado como un retorno a la educación, pues se trata únicamente de la relación en un subconjunto de la población, la ocupada”.

Sin embargo, de acuerdo al documento “Las mexicanas y el trabajo” editado también por INMUJERES () “las mujeres reciben menos ingresos porque su nivel de instrucción es menor. La información estadística indica que en el mercado laboral las mujeres tienen, en promedio, un nivel de

instrucción mayor que el de los hombres; sin embargo, los salarios percibidos por ellas son más bajos, independientemente de su grado de instrucción, lo cual pone de manifiesto la discriminación salarial que deben enfrentar las mujeres.” De ahí se calcula que para alcanzar la equidad salarial, la remuneración de las trabajadoras debe aumentarse entre 6.2 y 31.8 por ciento.

En el documento anterior, “se resalta la enorme desventaja de las mujeres del medio rural, quienes además de la brecha de género, tienen un componente de desigualdad significativo con respecto a las mujeres que habitan en el medio urbano”.

Por otra parte, en el mismo documento se señala que “en relación con la influencia de los sectores económicos sobre los ingresos, para los hombres el hecho de trabajar en los servicios, el gobierno y la industria, incrementa sus oportunidades de elevar el ingreso, mientras que éstas se reducen en el sector agropecuario hasta 51% con respecto al comercio. Entre la población femenina, la propensión a mejorar el ingreso por rama de actividad económica con respecto al que se obtiene en el comercio, se refleja principalmente en 49% más en el gobierno y 28% más en losservicios. Al igual que los hombres, las mujeres tienen probabilidad de ganar menos en el sector agropecuario, y no se observa una diferencia significativa en la industria en comparación con el comercio”.

En este documento de INMUJERES se concluye que las mujeres se encuentran en condiciones de desventaja en la percepción de ingresos por trabajo con respecto a los hombres, incluso cuando tienen iguales niveles de formación escolar, dentro de los mismos sectores de actividad económica y en las mismas ocupaciones.

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