Educación como factor fundamental para el desarrollo


“Si las mujeres son educadas hacia la dependencia, es decir, para actuar conforme a la voluntad de otro ser falible, y someterse, para bien o para mal, al poder, ¿a dónde vamos a parar?”
Mary Wollstonecraft en “Una vindicación por los derechos de las mujeres” (1792). 

 La especie humana se puede clasificar de muchas formas. Judith Butler crítica la tradicional clasificación genital que escinde a la raza humana entre machos  y hembras. A partir de esta clasificación, los movimientos feministas tanto de la primera como de la segunda ola, han realizado importantes contribuciones para señalar que el acondicionamiento cultural y social con las que se moldean los roles sociales para ajustar al macho a su correspondiente género masculino y a la hembra a su correspondiente género femenino tienen un gran peso en la diferenciación de habilidades y capacidades que desarrollarán en el futuro.

Se  dijo que la única diferencia entre unos y otros era la capacidad de gestar, procrear y amamantar por parte de las hembras humanas. Recientemente sabríamos que no siempre es así. Recientemente conoceríamos casos de hembras humanas con carga cromosómica XX que se revelan al acondicionamiento social y cultural y reivindican una  identidad que transgrede esta clasificación convencional, bajo la identificación del género masculino y entonces tenemos una sociedad que se cimbra ante los casos de hombres que también pueden gestar, procrear y amantar.

Estas transgresiones al sistema patriarcal, sexista, ciertamente misógino, y heteronormativo cuestiona las bases que se implantan desde que un ser humano nace para percibir, ordenar, clasificar y racionalizar el medio ambiente al que pertenece.

Ciertamente, desde aquí nace la miopía de género, la misoginia y, recupero el término de la feminista, Julia Serano, la transmisoginia que abarcan e influyen en todas las disciplinas científicas y, por supuesto, políticas y económicas.

Cuando hablo de miopía de género me refiero hacia la indiferencia de quienes participan en la Academia, en las Ciencias, en la Política, en la Economía, entre otras disciplinas, hacia las necesidades y derechos de la mujer, generando una invisibilización hacia su participación en la historia, hacia sus contribuciones en las ciencias, en la política y en la economía. Lo anterior, además de minimizarla al grado de la cosificación sexual y el reconocimiento de una participación accesoria la ha marginado históricamente del avance y progreso de la sociedad. El rostro de la pobreza y de la enfermedad es un rostro femenino.

Cuando recupero el término de la transmisoginia, recupero el concepto que acuña Serano para referirse a la ridiculización y rebajamiento que vive una mujer trans no sólo por no cumplir con las normas de género sino su expresión de lo femenino y por su feminidad. Considero que misoginia y la transmisoginia surgen del mismo desprecio de un sistema patriarcal hacia lo femenino y sus expresiones que gravitan fuera y lejos de su referente masculino y sus representaciones. Entre más fuera y lejos se ubique una persona de este referente de masculinidad más grave es la sanción y peor el rechazo y el ostracismo. De ahí que el rostro de la marginación, el abandono y el rechazo también es femenino.

A partir de la Revolución Industrial el desarrollo humano, en sus términos generales, fue de la mano con el progreso tecnológico y económico. Pero en términos de derechos hacia la mujer y hacia otras expresiones sexogenéricas, no sucedió lo mismo. Resulta irónico que la época victoriana del Reino Unido, y que marcó la cúspide de la revolución industrial y del Imperio Británico, representó también fuertes represiones hacia la sexualidad de la mujer, en donde Sigmund Freud se alimentaría para crear el arquetipo de la “mujer histérica” e inicio el camino hacia la patologización y criminalización de las diferentes expresiones sexogenéricas, como la creación del concepto de “homosexualidad” que surge en 1869,  y que tendría su momento más relevante en el consciente colectivo con el encarcelamiento de Oscar Wilde, arquetipo del Dandy, por causa del Noveno Marqués de Queensberry, Sir John Sholto Douglas, irónicamente aún recordado como creador por las reglas aún aceptadas en el boxeo.

Por lo tanto, la relación entre desarrollo económico y progreso no necesariamente está vinculada hacia el bienestar hacia las mujeres y las minorías.

Los cambios han venido de la mano a través de los movimientos organizados por personas ilustradas que se han asumido como personas sujetas de derechos y en este sentido se han exigido. Y en esto, la educación ha jugado un papel sumamente relevante.

Sin embargo, reducir la educación al mero aspecto formativo como acumulación de grados y títulos sería un error y no llevará necesariamente a una sociedad más diversa, más plural y armónica donde todas las variantes raciales, sexuales, genéricas, de capacidades, entre otras, tengan espacio para desarrollarse plenamente y representación para que sus necesidades y derechos sean tomados en cuenta.

Una educación que atienda la miopía de género y reconozca la diversidad como parte de la naturaleza humana requerirá revisar y reconstruir la historia que nos hemos construido y que enseñamos. Requerirá reformular las distintas disciplinas y ciencias, entre ellas la medicina, donde aún permean estereotipos y prejuicios de género, y exigirá políticas públicas y económicas que resuelvan las acciones que violentan u omiten los derechos de mujeres y minorías, entre ellas la patologización y la criminalización.

En este último apartado jugarán un papel muy importante las acciones afirmativas que tengan como fin generar un piso mínimo de oportunidades como los sistemas de cuotas de representación popular hacia las mujeres.

En un país, como México, con un profundas raíces indígenas menospreciadas, y como lo señalan diversos estudios y encuestas, con una fuerte cultura que discrimina por clase, por color de piel, por expresión sexogenérica, por orientación sexual, por género, se tendrán que reforzar no sólo las cuotas de género sino además, se tendrán que revisar los sistemas de representación de los llamados “distritos indígenas” hacia otro sistema de cuotas de tal forma que el reconocimiento constitucional hacia la composición pluricultural sustentada originalmente en los pueblos indígenas, se vuelva una realidad, y no un procedimiento de geografía electoral que no se refleja en la composición de las diferentes cámaras de diputados federales, locales así como en el Senado.

Será enriquecedor para nuestro sistema político y democrático  llegar al punto donde se intersecten las cuotas de género y de participación indígena en los sistemas de representación mexicana.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s