A Sylvia Rivera, fundadora del movimiento LGBTIQ


“De muchas formas, Sylvia fue la Rosa Parks del movimiento transgénero moderno, término que ni siquiera se acuñó hasta dos décadas después de Stonewall”

Riki Wilchins

Hoy, 28 de junio de 2014  se conmemora el 46 aniversario por la continua lucha por el reconocimiento de los derechos civiles de la población transexual, lesbiana, gay, bisexual, intersexual y queer, y en donde se reivindica la importantes aportaciones a la lucha por las personas transexuales, especialmente las mujeres transexuales, como Sylvia Rivera, considerada en el mundo entero como “la madre de todas las personas TLGB (Transexuales, Travestis, Transgéneros, Lesbianas, Gays y Bisexuales)”.

Es grato ver que las diferentes marchas, México por ejemplo, son encabezadas por importantes mujeres trans como reconocimiento a sus valiosas contribuciones a la lucha por nuestros derechos civiles.

En México actualmente existen importantes avances y logros:

Ha habido un lucha de años por el reconocimiento a la identidad de género de todas las personas trans. En el año 2008 lograron que en el DF  se aprobara por primera vez una reforma en el código civil para que muchas personas trans pudiéramos acceder a un reconocimiento legal de nuestra identidad fuera de juicios largos, costosos y dolorosos como lo eran antes.  Y, justamente hoy el Gobierno del DF presenta otra iniciativa para facilitar los procedimientos de rectificación de actas de nacimiento con la finalidad de que este derecho sea más accesible dado los altos costos que aún requiere.

Recuerdo el valiente trabajo de mujeres trans como  Gloria Hazel Daveport y las personas que integran “Humana Trans AC”, a Agnes Torres (asesinada impunemente en Puebla en el año 2011), Diana Sánchez Barrios y las personas que integran la AC que dirige y preside “Prodiana, Movimiento Social por una Vida con Calidad”, Angie Rueda e integrantes del “Frente Trans”, Karen Quintero y quienes integran la AC ” Trasngénero Hidalgo”, Alehli Ordónez, y quienes integran  la Coalición T-47, y tantas y tantas personas transexuales y no transexuales quienes han puesto tiempo, lágrimas y dinero, para que todas y todos alcancemos estos beneficios.

En materia del matrimonio igualitario se han logrado avances a través del trabajo que impulsan destacadas personas como Alex Alí Méndez Díaz quien por medio de diversos amparos que ha interpuesto ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) contra las constituciones de diversos estados  ha permitido que parejas del mismo sexo puedan casarse. También ha evidenciado la homofobia de quienes legislan así como la indiferencia de las y los servidores públicos quienes siguen negándose a reconocer los derechos de la comunidad de la diversidad sexual, siendo omisos al Artículo 1 de la Constitución Mexicana que con la reforma de 2010 ha vuelto a los derechos humanos la palanca de cambio para hacer valer diversos derechos  a través del principio pro persona.

El siglo XXI parece ser testigo de una nueva lucha por derechos civiles que conjuntará los movimientos feministas, gays, transexuales, bisexuales, lésbicos e intersexuales a favor de una consigna elemental: El derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos y nuestra propia vida.

Espero que este Siglo XXI vea la reconformación de sociedades más solidarias y no solo respetuosas sino interesadas en la riqueza de la diversidad de sus integrantes en donde, sin criminalización, sin patologización y sin  persecusión pero con apoyo de las instituciones públicas competentes se garanticen:

  • El reconocimiento legal a la identidad de género independientemente del rol social asignado al nacer desde la infancia.
  • El acompañamiento institucional subvencionado (educativo, médico, jurídico) a las niñas y los niños  y adolescentes transexuales y sus familias para que el derecho a la identidad de género armonice con los derechos a la educación, a la salud, al empleo, etc. Así como a las personas adultas.
  • La  certeza y tranquilidad de poder amar libremente. Quien desee unirse en matrimonio pueda hacerlo ante la ley. Así como la clase social o la raza fueron las barreras a superar para el amor en el siglo pasado, las identidades de género y las orientaciones sexuales lo serán para éste nuevo siglo.
  • Tener la libertad y el acompañamiento médico y jurídico de decidir cuándo procrear y cuándo no hacerlo. O de adoptar y cuándo no hacerlo. Las familias no se valorarán por el género ni las prácticas sexuales de sus integrantes sino por el amor, apoyo y cuidados que se procuren mutuamente.
  • Tener la tranquilidad y la seguridad que a nadie se le limitará, agrederá o asesinará en ningún espacio público o privado por cualquiera de estas intersecciones: mujer-gay-indígena-lesbiana-transexual-bisexual-bisexual-con discapacidad-con VIH. Y si sucede, tener la certeza que no quedará impune, el daño será reparado y la víctima no será revictimizada.

La consolidación de un Estado Democrático necesariamente requerirá de una visión maximalista de la ciudadanía  que transite del reconocimiento de los propios derechos al reconocimiento de los derechos de las demás personas para conformar una identidad cívico-política con responsabilidad, sin embargo, difícilmente se podrá alcanzar esta consolidación mientras a grandes sectores de la población se le siga impidiendo y limitando el ejercicio más básico de autodeterminación: decidir sobre nuestros cuerpos e identidades.

 Rebeca Garza

 

 

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