Apuntes sobre “Nuevas técnicas reproductivas al debate de las italianas” de Francesca Gallardo


Apuntes sobre “Nuevas técnicas reproductivas al debate de las italianas” de Francesca Gallardo

El texto de Francesa Gallardo es el que más me ha problematizado porque me parece leer en ella una fuerte influencia del feminismo de la diferencia, del que actualmente no comparto muchas de sus posiciones, como cuando habla de la paternidad/maternidad natural, cuando dice que la maternidad forma parte de su ser como personas integrales haciendo referencia a las mujeres cisgénero (obviamente), cuando habla del “real deseo de la maternidad” y por lo tanto asume a la maternidad más como un instinto natural.

En ese sentido, el abordaje que haré al texto es a partir de considerar que la identidad de todas las personas es socialmente construida dentro de un orden simbólico pre-establecido como lo ha señalado Estela Serret (2006) cuando dice que “el yo se estructura gracias a la existencia de un orden simbólico que lo precede, que ha construido la red de jerarquías, clasificaciones y analogías dentro del cual ocupa un lugar. Pero el nivel de actuación de ese yo no es el orden simbólico; la estructura permite ser, no es”.[1]

Cuando Gallardo se pregunta “¿por qué hay mujeres dispuestas a todo por ser madres?” creo que la respuesta la podemos encontrar en la recuperación del concepto de “tecnologías del yo” de Foucault (2008)[2] como aquellas “que permiten a los individuos, efectuar, por cuenta propia o con la ayuda de otros, cierto número de operaciones de su cuerpo y su alma, pensamientos, conducta, o cualquier forma de ser, obteniendo así una transformación de sí mismos con el fin de alcanzar cierto estado de felicidad, pureza, sabiduría o inmortalidad”. Es decir, las tecnologías del yo son tecnologías de dominación individual, como cada persona actúa sobre sí misma.

Considero que la introyección desde temprana de la idea de la maternidad “biológica” como la culminación de “ser mujer” y su incorporación como parte esencial de la identidad femenina es lo que pudiera estar detrás de mujeres dispuestas a todos por ser madres de la misma manera que existimos personas que nos asumimos trans y que hemos estado dispuestas a todo para reafirmar la identidad que manifestamos tener y cuyas tecnologías no son muy ajenas o diferentes a la TRA: acceso a tratamientos hormonales y cirugías corporales. La diferencia es que a las mujeres que no pueden cumplir con el mandato de procreación son vistas con ojos comprensivos en el mejor de los casos o como víctimas de las TRA en el peor, en cambio las personas trans hemos recibido un tratamiento diferente que va desde el sensacionalismo, la patologización y hasta la criminalización hacia nuestras identidades y cuerpos y del personal médico que nos ha atendido.

Hago la analogía porque creo que las TRA quizás no tengan un sustrato diferente a las tecnologías corporales que surgieron para atender a las personas transexuales de principios del siglo XIX: normalizar los cuerpos y sus funciones biológicas/sociales dentro de un sistema sexo/género binario que tiene como mandato la procreación dentro de una estructura de dominación heterosexual llamada matrimonio.

Las TRA se han ubicado dentro de ciertos significados en relación a la procreación “natural”  como algo artificial, feo, producido, no espontáneo en tanto que la procreación “natural” se interpreta aún como bello, natural, espontáneo. En ese sentido, me parece leer un halo de romanticismo en las ideas de “procreación natural” y un halo de terror ficticio posmoderno en la “procreación artificial” en la lectura de Gallardo.

En el texto de Gallardo, me parece encontrar la misma pregunta que en el texto de Roudinesco: ¿en realidad la forma en que se concibe a una persona la define? ¿concepción es destino? ¿este debate no tiene acaso las misma raíces que el concepto de “bastardo”?

En un contexto de capitalismo globalizado en el que aún existen derechos humanos severamente vulnerados a millones de persona por razones de género, clase, capacidad, identidad, origen étnico, etc., ¿se le tendrá que sumar el origen genético? ¿los tabús con respecto a la artificialidad de las TRA no están construyendo prejuicios que retroactivamente se asumirán legitimados por las ideas del orden natural?

Cuando Francesca Gallardo habla de que las mujeres acuden a las TRA lo hace asumiendo, falsamente creo yo en tanto generaliza, que son personas carentes de autonomía o poder de decisión por esa idea desesperada de ser madres “a toda costa”  y las reduce en cierto nivel a personas manipulables además de que habla a nombre de “todas las mujeres” como si se tratara de un grupo homogéneo y uniforme (“las mujeres no estamos en contra de los avances científicos, sino alarmadas por el uso que se hace de ellos”, página 90).

En el texto de Gallardo me parece leer que a la procreación asistida se le están extendiendo prejuicios anteriormente ligados a lxs hijxs bastardxs, a lxs de familias homoparentales o de madres solteras, como personas que vienen con fallas sociales de origen.

Gallardo habla del “real deseo de maternidad” ¿quién se erigirá como autoridad para validar este supuesto deseo verdadero?

Asimismo, algunos sustentos de Gallardo me parecen que tienen poco sustento racional como cuando dice que “la fecundación artificial puede sustentar menos entusiasmo del esperado” ubicándolo en un nivel de menos deseabilidad que la “fecundación natural” o cuando hace generalizaciones gratuitas cuando dice “por qué se dice sí a la inseminación artificial y no a la adopción” sin citar ningún estudio en donde se descarte que las personas que acuden a la inseminación artificial han descartado ya la adopción ni tampoco el costo comparativo de acudir a uno con respecto de otro (por ejemplo, los niveles de burocracia y rechazo social que rodean aún rodean a los procesos de adopción con respecto la mejor valoración que pueden tener los “hijos biológicos” así sean producto de inseminación artificial).

Es necesario revisar el orden simbólico que mandata a la reproducción biológica (sea “natural” o “artificial”)  como algo más deseable que la adopción puesto que las TRA considero que tienen cierta paradoja: ya que son asumidas como técnicas no naturales de procreación que sin embargo legitiman la reproducción “biológica” como algo más deseable que la adopción en tanto la jerarquía, orden y evaluación hacia la semejanza/cercanía genética cuando se habla de crear lazos de filiación.

Por ejemplo, me parece leer un mensaje de deslegitimación de Francesca Gallardo hacia las TRA al llamar “niños laboratorio” a lxs hijxs surgidos con apoyo de las TRA, al cuestionar los motivos de las madres que deciden tener unx hijx con síndrome down, al cuestionar si el origen embrionario de la persona implicará un desarrollo diferenciado de uno concebido de manera “natural” asumiendo falsamente que dichas concepciones “naturales” son todas iguales o viven el mismo contexto.

Gallardo asume a la maternidad como un “instinto” ligada a otra idea que asume como natural (y que ella no se cuestiona) y tiene que ver con la idea del “reloj biológico” (cuando dice en la página 93 “nosotras sentimos de manera cada vez más fuerte el deseo de maternidad mientras más nos acercamos al momento en que perderemos nuestra posibilidad reproductiva”) al mismo tiempo que generaliza sin citar estudios o fuentes que respalden tal afirmación.

Por otra parte, si bien es cierto que debe existir un debate ético alrededor de las TRA creo que es muy importante cuestionar todos los “discursos de verdad” de las diferentes disciplinas que integren los comités de bioética. Por ejemplo, el concepto de vida ¿a partir de qué perspectiva se formulará? Es de sobra conocida las posiciones encontradas entre la ciencia y la religión judeocristiana, por ejemplo. ¿En qué momento la suma de órganos, tejidos y sistemas se convierte en un cuerpo humano y ese a su vez en una persona con vida y dignidad?

¿Acaso la bioética no  está condenada a su constante redefinición dado que se asume a la biología como un hecho arbitrario y natural cuando la propia biología como construcción de saber humano cargado de símbolos y significados así como sus discursos de verdad no son hechos absolutos sino relacionados con diversos contextos históricos?

En ese sentido, cuestiono la definición de maternidad de Gallardo (página 96): “Maternidad es creatividad, producción de cuerpos y almas y mantenerlos a lo largo de varias generaciones, consciencia de la deuda que tenemos con los que heredarán nuestro mundo”. Me parece una definición alineada con el sistema sexo-género heterosexual que perpetúa la responsabilidad del trabajo reproductivo a las mujeres cis-género-capaces-fértiles y que alimenta ese deseo de ser “madres a toda costa”.

Gallardo asume que las mujeres “tenemos una elaboración particular y  propia sobre mucho de los temas tratados por la bioética” y después señala que se debe poner a la mujer, a su cuerpo y a su identidad psíquica en el centro de la reflexión (página 97). Me preocupan que esas ideas esencialistas formen parte del debate de la bioética  porque justamente los temas a abordar rompen con nuestras ideas de lo “esencialmente natural” y lo “humanamente artificial”.

También Gallardo habla de la libertad del sujeto femenino como si fuera una entidad monolítica, fija, ahistórica y descontextualizada. Me parece que perpetúa la idea de la maternidad como parte de la identidad femenina reforzando prejuicios heterosexistas y cisgéneros.

Creo que el debate en torno a las TRA y los procesos de adopción no corresponde solamente al sujeto ontológico mujer sino a todas las personas. Creo que a la reproducción “natural” se le debe abordar con la misma racionalización con la que se abordan las TRA y la adopción en tanto decisiones, todas ellas, responsables, planeadas, como parte del ejercicio de derechos sexuales y reproductivos porque uno de los más graves problemas en México tiene que ver con la enorme cantidad de embarazos no deseados de adolescentes que se viven en México, en donde en cada minuto una adolescente mexicana se convierte en madre convirtiendo a México en primer lugar de la OCDE en embarazos no deseados[3].

Al final, creo que el debate de fondo es el valor que le damos a las ideas de lo “natural” con respecto a lo que consideramos “artificial” porque mientras consideramos más deseable la procreación natural sobre la artificial aún se ubica dentro de una matriz de deseabilidad como superior a un “hijo biológico” que a uno “adoptado” de la misma manera que se asume como una persona más digna a alguien que tiene un código genético surgido del azar que uno que no lo sea.

[1] Serret, Estela. El género y lo simbólico. La constitución imaginaria de la identidad femenina. Oaxaca, México: Instituto de la Mujer Oaxaqueña, 2006. Colección Instituto de la Mujer Oaxaqueña: Serie Estudios de Género. (p. 44).

[2] Foucault, M. (2008). Tecnologías del yo y otros textos afines. Buenos Aires: Paidós.

 

[3] México encabeza primer lugar de la OCDE en embarazos no deseados. Excelsior. Ciudad de México. 25 de septiembre de 2014. Fecha de consulta: 06 de agosto de 2016. http://www.excelsior.com.mx/nacional/2014/09/25/983386

 

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