La indiferencia y el silencio que nos mata…


El caso de Lesvy Berlín Osorio Martínez se ha vuelto representativo del terrible y desolador contexto de violencia misógina en que tenemos que sobrevivir todas las mujeres en México.

Revela lo que muchas feministas y sus estudios han señalado reiteradamente: que es un problema de violencia estructural metido en la más profunda de las entrañas de nuestro sistema social, económico y político.

Ante el deficiente y negligente trabajo de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México que, replicando estereotipos machistas pero de forma institucional, estigmatizó y revictimizó a Osorio Martínez se alzaron diversas voces, de mujeres muchas de ellas feministas, con el hashtag “#SiMeMatan mostrando que todas estamos en riesgo de ser culpabilizadas en caso de ser asesinadas por no llevar una vida conforme a los rancios estereotipos sociales.

Ante la indignación de un gran sector de la sociedad por visibilizar esta forma de violencia institucional hacia Lesvy Berlín se hubiera esperado la solidaridad del resto de la sociedad, pero no fue así, el músculo machista que aún sigue vigoroso se escuchó y se mostró.

Primero, surgió otro hashtag denominado #SiLasMatan en donde varias personas, principalmente hombres, alzan su voz para colocarse en el centro del protagonismo. Nuevamente se sienten desplazados o no tomados en cuenta de las violencias que sufren ellos ignorando que son provocadas por sus propios congéneres y obviando que, son los hombres, quienes siguen acaparando los cargos de decisión y de poder político, económico y social para poder poner un alto a todas las formas de violencias.

Posteriormente, ante una manifestación feminista que grafiteó unas letras de la UNAM para denunciar que la institución educativa ya no es un espacio libre de violencia para las mujeres estudiantes, otro grupo de personas se sintió más indignado por este acto e inmediatamente organizaron un brigada para borrar las leyendas que tenían fuertes mensajes políticos a favor del acceso a una vida libre de violencia.

Hay quienes incluso han tenido la osadía de afirmar que el feminismo mexicano ha perdido rumbo y claridad en sus objetivos y sus vindicaciones. Aún más, existen voces –masculinas por supuesto- que se autoerigen en autoridad para determinar qué posicionamiento es verdaderamente feminista y cuál no.

Mientras tanto, cada día matan a 7 mujeres en México imparable e implacablemente. No hay un solo día en México en donde una mujer, sea cis o trans, sea salvajemente asesinada –estrangulada, golpeada, violada, quemada, mutilada y un trágico etcétera- y en donde gran parte de la prensa mexicana y el aparato de justicia se ensañen en hacerlas culpables de sus asesinatos, en invisibilizar la agresión y al agresor, siendo así cómplices no solo de la perpetuación de estas violencias extremas hacia todas las mujeres  sino también de la cadena de obstáculos que impiden que haya justicia para sus familias y amistades y que, las que aún vivimos, lo hagamos con miedo pensando, temiendo si seremos la siguiente víctima.

Rebeca Garza

@Rivka_Azatl

violencia machista

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