Entrevista en conmemoración al 25 de noviembre: Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres 2017


Gracias Daniel Santiago Cruz, periodista del periódico “El Norte” por incluirme en esta entrevista en conmemoración al 25 de noviembre: Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.  Atte. Rebeca Garza.

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¿Por qué es necesario un Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer?

En primer lugar, considero que debemos hablar de las violencias hacia las mujeres para insertar en el imaginario que el colectivo de mujeres no es monolítico ni homogéneo. Y, en segundo, porque las violencias hacia las mujeres (sean cisgénero, transgénero, muxe, lesbianas, intersex, bisexuales, indígenas, con discapacidad, etc) no solo son violencias de género sino que están atravesadas por otras características tanto de índole personal como de su contexto social, histórico e incluso geográfico. Creo que es muy importante tener en cuenta esto porque permite tener un acercamiento de la complejidad de las diferentes formas de violencia que padecemos cotidianamente todas las mujeres y que, en muchos entornos sociales, está normalizada e incluso es considerado como algo legítimo (como golpear y tener actitudes posesivas con la pareja, la epidemia de embarazo adolescente especialmente de familias de zonas rurales, marginadas o de pueblos originarios, la falta de acceso a la educación, a la salud y a una buena alimentación de muchas niñas de pueblos originarios aún hoy en día, violar a la esposa por considerar que es parte del “débito conyugal”, negar o rechazar las identidades de las personas trans y muxe, asumir que las mujeres con discapacidad no pueden llevar una vida plena, someter a las niñas intersex a cirugías invasivas para ajustarlas a un ideal cisgenérico y heterosexual, entre otras formas de violencia ). Por lo tanto, la conmemoración del día internacional de la eliminación contra la violencia hacia las mujeres, NO es una celebración, sino que es un recordatorio para revisar las violencias que aún existen, las nuevas que empiezan a surgir (como el ciber-acoso en las redes sociales, el tomar fotos de mujeres y circularlas en grupos de whatsapp de hombres, entre otras modalidades) así como los retos y pendientes a atender tanto por la sociedad civil como por el Estado Mexicano, sobre todo éste último, y recordar las vidas que han sido arrancadas por la forma extrema de violencia hacia las mujeres: la feminicida y continuar exigiendo justicia bajo el grito de #NiUnaMenos.

En el entendido que todos y todas pueden sufrir violencia: ¿Por qué es importante un trabajo especial por las mujeres?

Porque está ampliamente documentado que las mujeres (y todo aquel cuerpo que pueda ser leído socialmente en clave femenina de acuerdo a su momento histórico) en todas las sociedades y en todos los momentos históricos se han encontrado en situaciones de subordinación y, por lo tanto, de opresión, con respecto a lo que se considera en ciertos contextos como masculino, y generalmente, el epítome de lo masculino son los cuerpos designados como hombres y que socialmente se expresan como heterosexuales, especialmente aquellos que están fuertemente ligados con ciertos poderes políticos y económicos y esto está vinculado con otras características como su origen étnico, sus expresiones de género, sus ideas políticas, su clase social, entre otras categorías que pueden representar privilegios con respecto del resto de la población. En México, asesinan a una mujer cisgénero cada 7 días, no tenemos cifras de cuantas mujeres trans y muxe son asesinadas, casi ningún caso tiene acceso a la justicia y mucho menos a la reparación del daño, México es el segundo país más transfeminicida en Latinoamérica según el Observatorio Transgender Europe, hay reportes que 2 de cada 3 mujeres han sufrido violencia de género en México, la desaparición de mujeres y niñas en diferentes partes del país ha aumentado en los últimos años de forma dramática y hay estimaciones que detrás de las desapariciones existen redes de tráfico de mujeres y niñas para fines de explotación sexual, casi no se habla de las cirugías invasivas que viven las niñas intersex en México para ajustar sus cuerpos a una idea binaria de la diferencia sexual y en las zonas rurales, marginadas o indígenas están invisibilizadas, la cifras de mortalidad por embarazos de mujeres indígenas siguen siendo altas, las mujeres embarazadas siguen siendo despedidas por esta razón, las mujeres muxe de Oaxaca siguen sin tener un reconocimiento legal a sus identidades y las mujeres trans del país, a excepción de CDMX, Nayarit y Michoacán tampoco tienen reconocimiento legal a sus identidades, las mujeres lesbianas en gran parte del país siguen sin tener reconocimiento al matrimonio igualitario, a la adopción y a cubrir con derechos sociales a su familia sin enfrentarse con obstáculos burocráticos, las mujeres de diversidad funcional o con discapacidad siguen siendo vistas a partir de políticas asistencialistas y no por políticas que fomenten la inclusión, entre muchas otras historias de rechazo, exclusión y violencia que viven niñas, adolescentes y mujeres a lo largo de toda su vida.

¿Qué responder a comentarios como los siguientes que han llegado a través de diferentes publicaciones?

ALGUNOS EJEMPLOS DE COMENTARIOS:

 – En el artículo “Exigen difundir protocolo antiacoso”, publicado el14 noviembre 2017: “Femininazis arden por justicia sin cara a cara! Atte Ex-A-Tec Machistas” /  “También debe haber un protocolo contra las “ofrecidas” que cuando no pueden con la materia van a ofrecerse y si no las aceptan arman un escándalo. por que de que las hay las hay.. cualquiera que haya estudiado le toco haber visto eso” /

– En el video “Viven violencia 2 de cada 3 mexicanas”, publicado el 27 de agosto: “ahora hasta no darles dinero es violencia” / “Las mujeres también son violentas con sus maridos, y más con sus hijos porque no se pueden defender”/ “Si catalogan como violencia el ignorar o levantar la voz pues con madre… Y de maltrato infantil ejercido por mujeres cuantos niños han sido victimas?? 10 de cada 10 supongo” / “Y vienen los activistas para salvarlas. Los más violentados son los niños varones, los más violentados sexualmente son los niños varones., ya que por ponerle tanta atención a las niñas dejan en descuido a los niños. La violencia no tiene género, es de los humanos.

– En el video “Violencia familiar. Dejan atrás el dolor / Tercera parte”. publicado el 9 de junio: “No veo hombre casos de la vida real, ni lo que callan los hombres,que acaso no somos ya iguales?”

– En el video “Violencia familiar: el enemigo en casa”, publicado el 5 de junio: “Y las mujeres que golpean y humillan a los hombres???” / “La violencia en contra de los hombres es peor, hasta se burlan”

Esos comentarios reflejan valores, actitudes y comportamientos que consideran normal las diferentes formas de violencia hacia las mujeres, muchos de ellos escudados en el ejercicio de la libertad de expresión pero mal entendida, desde mi punto de vista, porque lo que hacen es perpetuar estereotipos y prejuicios no solo de género sino que muchos de ellos están atravesados por otros prejuicios clasistas, LGBTfóbicos, capacitistas, racistas, entre otros. Muchos de esos comentarios contra las mujeres no solo hablan desde una posición de privilegios sino incluso de superioridad implícita.Y justamente esos comentarios son un fuerte argumento de por qué es importante seguir conmemorando este día. Sin la lucha feminista, que lleva más de dos siglos pugnando por el reconocimiento y protección de derechos humanos de las mujeres y por la igualdad de las personas (el feminismo no es una moda o una ocurrencia como algunos quieren confundir sino una teoría crítica y un fuerte movimiento político y social que sobrevive desde la Ilustración), sin el trabajo y sin la brecha que nos abrieron las mujeres que nos antecedieron aún a costa de descalificaciones, agresiones e incluso asesinatos, no solo estaríamos conmemorando los pocos avances que llevamos. Esos comentarios y actitudes son la razón para que tengamos que seguir visibilizando que esas formas de violencia NO SON NORMALES, no son sanas, no ayudan a construir relaciones ni familias sanas, armónicas ni plenas sino que limitan el potencial de las mujeres que representamos más de la mitad de la población y cuando la mitad de la población vive en contextos de violencia, cuando esa mitad no tiene las mismas oportunidades para desarrollarse plenamente, cuando vive con miedo a salir de noche, a caminar por las calles, con miedo a ser secuestrada, violada o asesinada incluso en su propia casa por su pareja o un familiar que es la realidad de muchas mujeres, niñas y adolescentes, se condena a la mitad del país a la exclusión, al rechazo y a la marginación y esto se convierte en un pesado grillete para que México pueda no solo consolidar su democracia como forma de vida y como sistema político sino también para generar desarrollo económico estable y duradero. Sin mujeres con vidas libres de violencia no podemos hablar de democracia ni aspirar a cifras de desarrollo de primer mundo.

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Reina la homofobia en Oaxaca


Tomado de: http://www.nvinoticias.com/nota/59304/reina-la-homfobia-en-oaxaca

Activistas denunciaron que no existe la democracia para los integrantes de la comunidad lésbico, gay, bisexual, transexual, transgénero e intersexual (LGBTTI), ya que no tienen a salvo todos sus derechos como ciudadanos.

Jesús Morales Ramírez manifestó que los derechos de esta sector de la población están totalmente vulnerados.

“Todavía no se puede hablar de democracia cuando no se tiene acceso a la salud. Ni siquiera se nos considera la ciudadanía”, expresó el activista durante el foro de “Democracia y diversidad sexual” organizado por el Instituto Nacional Electoral (INE) y el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana (IEEPCO).

El integrante de la Red de Católicas por el Derecho a Decidir comentó que el nivel de agresión es muy alto, de acuerdo con la segunda encuesta nacional sobre discriminación en relación a orientación sexual.

Detalló que el 49 por ciento de las lesbianas manifestó ser víctima de discriminación, el 40 por ciento de hombres gay y el 61 por ciento de personas transgénero.

“Se nos ha vendido la idea de que Oaxaca, y actualmente eso lo pusieron en el Plan Estatal de Desarrollo que Oaxaca es un estado ‘gayfriendly’, a pesar que tenemos una Fiscalía Especializada en Delitos cometidos en contra la Diversidad Sexual, una ley que impide de discriminación, una ley general de víctimas; y tantos amparos en el tema de matrimonio, todavía no se cumple nada”, agregó.

En tanto, Azul Gómez Montealegre, una persona transgénero, reveló que son el sector de la comunidad LGBTTI más afectado por el rechazo social que aún prevalece.

Señaló que muchas personas, como ella, han sido asesinados.

NOS ESTÁN MATANDO

“Nos están matando y nos matan cruelmente por el hecho de ser transgénero”, agregó esta activista.

Gómez señaló que no pueden hablar que hay democracia en Oaxaca, porque ni siquiera tienen derecho a una identidad.

Explicó que debido a su decisión de cambiar a un sexo diferente al que nació, no tiene papeles oficiales que validen su existencia; y destacó que solo en la Ciudad de México puede hacer este trámite.

“Es como si no existiéramos, con la identidad erradicaríamos parte de la discriminación”, expresó.

Vilma Kats Ulloa, que se presentó como lesbiana, demandó que se considere a su sector como un grupo social, y que se realicen campañas sobre los derechos políticos de las lesbianas.

La Vocal de Capacitación Electoral de la Junta Local del INE, Luisa Rebeca Garza López reveló que los partidos políticos no llevan un registro de sus militantes de al comunidad LGBTTI, a pesar que algunos tienen oficinas internas especializadas en este sector social.

Destacó que instituciones como el Tribunal Electoral evitan registrar a los candidatos como gey, lesbiana o transgénero, ya que solo limitan el reconocimiento como hombres o mujeres.

Más del 50% no la justifica

Los mayoría de los oaxaqueños son homofóbicos, de acuerdo con la encuesta realizada por el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana (IEEPCO),

El Presidente de este organismo, Gustavo Meixueiro reveló que el más de la mitad de los consultados manifestaron que no toleran la homosexualidad.

Expuso que en los municipios que se rigen por sus sistemas normativos internos se actúa más este rechazo social, ya que de acuerdo al estudio demográfico, añadió, el 63 por ciento de la población manifestó que “nunca se justifica la homosexualidad”; y en el caso de los municipios de partidos políticos, 56 por ciento.

“El INE y el IEEPCO pueden tomar nota del dato para en el marco de la Encívica, identificar qué patrones de conducta, de cultura tenemos en la sociedad que van en contra de una sociedad que busca que sus ciudadanos tengan acceso a los mismos derechos”, expresó, Meixueiro.

El consejero electoral señaló que las instituciones deben trabajar para eliminar la discriminación presente en la sociedad y las acciones que discriminen a las personas.

Acusan a @INE_Tamaulipas de negarles nueva identidad en credencial. Red de Mujeres Transgénero de Tamaulipas


Tomado de: https://www.elmanana.com/acusanalinedenegarlesnuevaidentidadencredencialreddemujerestransgenerodetamaulipas-4130577.html

Xóchitl Arredondo Pruneda dijo que al acudir al instituto, les han notificado que no han recibido documento que les autorice el trámite.

POR: HUGO REYNA

26 / OCTUBRE / 2017 –

La Red Mexicana de Mujeres Transgénero A.C. en Tamaulipas acusó al Instituto Nacional Electoral (INE), de presuntamente poner trabas en el proceso de credencialización a transgéneros que han solicitado el documento bajo una nueva identidad.

Xóchitl Itzel Arredondo Pruneda, representante de dicho organismo, expresó que no existen elementos para que el Instituto niegue ese derecho amparado en la Ley.

Al ampliar en los detalles mencionó que ella fue la primera persona trans en Tamaulipas, en lograr mediante la interposición de un amparo en el año 2015 su nueva identidad, y en consecuencia el canje de su credencial

de elector que pasó de ser categoría hombre a mujer.

Agregó que posteriormente, la Suprema Corte de Justicia de la Nacional (SCJN) reconoció los derechos de las personas trans y de la diversidad de género, pero aún en los estados no se bajan dichas reformas constitucionales que sólo se han efectuado en algunas entidades del país. En Tamaulipas todavía no se lleva a cabo.

Arredondo Pruneda, añadió que en la entidad hay tres personas trans más, quienes han iniciado el procedimiento de rectificación de identidad y al presentarse ante el INE, para solicitar su credencial de elector bajo su nueva condición se les han negado, argumentando el INE que no ha recibido oficio ni notificación alguna que permita la autorización para realizar dicho trámite.

En las actas de nacimiento, se ha solicitado por parte de la autoridad, que se especifique que la persona ha cambiado de genero, es decir se haga constar que se ha hecho el cambio de identidad de genero, lo cual constituye una presunta violación a sus derechos y discriminación.

“Existe una ley federal promovida a partir de reformas en el 2015 y como es jurisprudencia avalada por la Suprema Corte, los estados deben legislar en la materia y estar en concordancia con la ley, pero vemos que en los estados del país, salvo algunas excepciones se ha homologado la legislación, pero en Tamaulipas no se ha hecho nada al respecto”, dijo Arredondo Pruneda.

Reitero que la negativa del Instituto Nacional Electoral de negar la credencial de elector a las personas trans, representa una violación a los derechos humanos y en consecuencia -reveló- se iniciarán tres casos de inconformidad, para proteger a las tres personas trans que han sido rechazadas.

DIRIGENTE. Xóchitl Itzel Arredondo Pruneda, coordinadora de la Red Mexicana de Mujeres Transgénero A.C. en Tamaulipas.

… Y dice el INE que no es así

El vocal distrital dijo que se basan en acta de nacimiento para proporcionar el documento

Por Hugo Reyna

“El nombre que está impreso en el acta de nacimiento de la persona que acude a solicitar su credencial de elector, será a ese nombre como se hará el documento de inscripción al padrón nominal electoral, sin importar si se trata de personas de diversidad de género”.

Federico Ochoa Cepeda, vocal distrital electoral 02 del INE

El INE no requiere de oficios legales ni legislativos para otorgar una credencial de elector a cualquier ciudadano que lo solicite, siempre y cuando se cumplan con los requisitos que rigen para todos los interesados.

Lo anterior fue dado a conocer a EL MAÑANA por el vocal distrital electoral 02 del INE en Reynosa, Federico Ochoa Cepeda.

Sobre el caso, mencionó que para el Instituto es necesario que se acredite la identidad del ciudadano y ello lo ampara su acta de nacimiento original, sin alteraciones o daños en el documento.

“El nombre que esta impreso en el acta de nacimiento de la persona que acude a solicitar su credencial de elector, será a ese nombre como se hará el documento de inscripción al padrón nominal electoral, sin importar si se trata de personas de diversidad de genero”, declaró Ochoa Cepeda.

El funcionario del INE, dijo que el personal del instituto no tiene facultades de cuestionar la identidad o preferencia de la persona, simplemente con el hecho de cumplir con la acreditación de su identidad expedida, por la autoridad oficial es suficiente.

Agregó, que aun cuando los requisitos requieren de algún comprobante oficial con fotografía, en el caso de que la persona no cuenta con ninguna de estas, dos personas conocidas de esta pueden fungir como testigos que avalan su identidad y favorecer con ello la obtención de su credencial de elector.

Ochoa Cepeda reiteró al afirmar que la autoridad electoral no cuestiona preferencias de las personas, solamente se exige la acreditación de la identidad que otorga un acta de nacimiento oficial y vigente.

Por lo que efectúo un atento llamado a la comunidad a presentarse ante los módulos de trámite de la credencial de elector que laboran durante la semana en los diferentes puntos oficiales en la ciudad.

@jessica_hg @Congreso63Oax Ponencia sobre matrimonio igualitario de Lic. Jessica Jazibe Hernandez


Comparto la ponencia realizada por Lic. Jessica Jazibe Hernandez en el Foro "Matrimonio igualitario e identidad de género" realizado el 8 de agosto de 2017 en el H. Congreso del Estado Libre y Soberano de Oaxaca:

Integrantes de la Comisión de Administración de Justicia de la Cámara de Diputados del estado de Oaxaca,
Diputados y Diputadas,
Representantes de los medios de comunicación,
Ciudadanas y ciudadanos
 
 
Buenos días a todos y todas:
 
 
Agradezco la invitación de la Diputada Hilda Graciela Pérez Luis, Presidenta de la Comisión, así como la gestión de su equipo de trabajo para hacer realidad este Foro.
 
Y sin mayor preámbulo me gustaría dar inicio, después de escuchar las valiosas aportaciones de las y los ponentes que me antecedieron, para lo cual, retomaré algunos antecedentes; me situaré en el año de 1857, año en que se promulgó la Constitución, de corte liberal en nuestro país, a diferencia de la que le antecedió en 1824, (que impuso la religión católica como oficial y conservó los fueros militar y eclesiástico).
 
La Ley Fundamental de 1857 fue de avanzada, al incluir la separación iglesia-estado, la prohibición de la esclavitud, la pena de muerte y la tortura, además la educación laica, razones por lo que esta Constitución encontró una fuerte oposición en los conservadores, como ustedes puedes ver, algo similar a lo que ocurre actualmente en el tema de Matrimonio Igualitario, Adopción, Reconocimiento de la Identidad de Género e Interrupción Legal del Embarazo.
 
Posteriormente, en el año de 1859, se promulga la Ley del Matrimonio Civil (como parte de las Leyes de Reforma), instituyendo el matrimonio como un contrato civil indisoluble que solo podía disolverse por un medio natural, es decir, por la muerte de uno de los cónyuges, por cierto aquí tenemos nuevamente otro término utilizado por aquellas personas conservadoras en contra del Matrimonio Igualitario, que hacen referencia a la cuestión natural.
 
De estos dos antecedentes jurídicos, tanto la Constitución de 1857 como la Ley del Matrimonio Civil de 1859, se desprenden dos aspectos sumamente importantes, primero, que el catolicismo no fuera reconocida constitucionalmente como la religión oficial y, segundo, la regulación civil del Matrimonio.
 
¿A qué me refiero con estos dos puntos? Que para tratar el tema de Matrimonio Igualitario debemos separar cualquier perspectiva o creencia religiosa, católica o no, del tal forma que debemos comprender que se trata de un acto jurídico, solemne e incluso como una institución jurídica, que para su validez no necesita en ningún momento del reconocimiento de religión alguna y mucho menos de una justificación “de la naturaleza” toda vez que el Matrimonio Civilen nuestro país, fue establecido hace Ciento Cincuenta y Ocho años, no desde que aparecieron Eva y Adán, no desde el nacimiento de religión alguna y por supuesto, no se trata de un hecho “Natural”.
 
Si separamos esas dos cuestiones, tendremos un panorama muy claro de que se trata la lucha de las personas que conformamos el Colectivo Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Trensgénero, Travesti e Intersexual (LGBTTTI), por el reconocimiento del Matrimonio Igualitario y los derechos que se derivan de este Contrato Civil e iniciaremos con la discusión argumentativa, democrática, liberal  y de derechos humanos que realmente importa para el libre desarrollo de la personalidad y la dignidad de las personas con una orientación y/o identidad sexual diferente a la heterosexual.
Ahora bien, ya entrando en materia, tenemos que el 4 de marzo de 2010, entró en vigor la reforma al Código Civil del Distrito Federal, aprobada por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo y el derecho a la adopción.
 
Un año después, se publica la reforma Constitucional en materia de Derechos Humanos del 10 de junio de 2011, reforma que sin duda no solo reconoció la obligatoriedad de los derechos humanos en el Estado Mexicano, sino que cambió el Sistema Jurídico Mexicano, a través del Principio Pro Persona, la Convencionalidad, el Bloque de Constitucionalidad, así como el Control Concentrado y el Control Difuso de Constitucionalidad.
 
En pocas palabras, el Artículo 1º Constitucional reconoce a todas las personas el goce de los derechos humanos reconocidos en la Ley Fundamental y en los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte, normas que deberán interpretarse favoreciendo en todo momento a las personas, es decir, con la protección más amplia.
 
Pero la redacción de este magnífico precepto no se queda ahí, va más allá al señalar la obligación para todas las autoridades dentro de su ámbito competencial, para “promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de conformidad con los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad…” y remata con la prohibición de toda discriminación motivada por las preferencias sexuales “o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.”
 
Después de leer parte del contenido del 1º Constitucional e incluso sin realizar un análisis profundo del tema que lamentablemente no da para una intervención de 20 minutos pero si para mencionar que la interpretación conforme debe atender a los derechos consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, específicamente en su numeral 16, Convención Americana sobre Derechos Humanos, numerales 1, 2 y 24; Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, numeral 2 y, la Declaración de Naciones Unidas sobre la eliminación de la discriminación contra la mujer, entre otros instrumentos internacionales, queda claro que toda autoridad está obligada a respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de las personas, lo cual incluye el derecho a no ser Discriminada, a la Igualdad, a tener un nombre (en el caso del reconocimiento de Identidad Sexual), así como a contraer matrimonio y tener una familia con el goce de todos los derechos, incluyendo la Adopción –que por cierto, en la iniciativa de reforma no se incluye-.  
 
De tal suerte que, las autoridades del estado de Oaxaca están incumpliendo con su mandato constitucional, desde cada una de sus competencias y atribuciones, al no reconocer el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción, con todos los derechos y obligaciones que de estos actos jurídicos se derivan.
 
Del mismo modo, el Poder Legislativo no está protegiendo ni garantizando los derechos fundamentales de las personas LGBTTTI, en virtud de que sus integrantes no ha reformado el Código Civil de la entidad, a pesar de que en junio de 2015, cuatro años después, la Cámara de Diputados reformó la Constitución Local, para armonizarla con la reforma de la Ley Fundamental del año 2011, reconociendo en el Artículo 1º de la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Oaxaca, el goce de los derechos humanos reconocidos en la Constitución Federal, así como el de los tratados internacionales, el Principio Pro Persona y la prohibición de la restricción de los derechos humanos.
 
No puedo dejar de mencionar, la Sentencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en la Acción de Inconstitucionalidad 2/2010, referente a la reforma de los artículos 146 y 391, del Código Civil del Distrito Federal, por el reconocimiento del Matrimonio entre personas del mismo sexo y adopción por familias homoparentales, presentada por el entonces Procurador General de la República, quien defendió el matrimonio tradicional, en donde la Suprema Corte resolvió la validez de dichos preceptos legales.
 
Actualmente, diferentes personalidades como académicos, investigadores, activistas, litigantes, todas y todos ellos han contribuido desde cada una de sus trincheras en la lucha por la conquista de nuestros derechos civiles, mi reconocimiento para Alex Alí Méndez, Geraldina González de la Vega, Estefanía Vela y, especialmente a las y los ministros liberales de la Suprema Corte, a todos ellos Gracias.
 
Finalmente, una mención especial a las y los entonces integrantes de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, quienes en diciembre de 2009, aprobaron la reforma al Código Civil del Distrito Federal, en una demostración de la defensa de los derechos humanos de las personas LGBTTTI, garantizando el Matrimonio entre personas del mismo sexo y adopción por familias homoparentales, sin temor a una condicionante o prohibición de alguna institución religiosa o grupo social y si con la firme convicción de garantizar a todas las personas, el derecho a la No Discriminación, la Igualdad y la Dignidad Humana, reforma gracias a la cual personas con una preferencia o identidad diferente a la heterosexual hemos ejercido nuestro derecho a contraer matrimonio civil y disfrutar de los derechos y también cumplir con nuestras obligaciones, formando una familia homoparental.
 
Hago un llamado para que esta Legislatura Local apruebe la iniciativa que hoy se discute en este foro para el Matrimonio Igualitario incluyendo la adopción por familias homoparentales.
 
Gracias.

Acercamiento de las violencias de género hacia personas trans* a partir de la teoría performativa.


Introducción.

Butler considera que la identidad es instituida por la repetición estilizada de actos; y, el género,  por la estilización del cuerpo (gestos corporales, movimientos, normas de todo tipo, etc) y esto genera la ilusión de un yo generizado permanente en donde el concepto de género se conceptualiza como una temporalidad social constituida. Por lo tanto, considera que para transformar el género  nos podemos apoyar en diferentes maneras de repetición de actos; mediante la ruptura de actos; o, mediante la repetición subversiva de ese estilo. (Butler, 1998)

Mientras que la teoría feminista considera al cuerpo como un hecho ya predeterminado tanto de forma natural, cultural o lingüística, Butler lo con considera como una “herencia de actos sedimentados, renovados, revisados y consolidados con el tiempo”, y es en esa repetición donde encuentra la clave para la subversión.

Las identidades trans*[1] son modalidades de género que no se pueden entender dentro de las categorías binarias de género sin acceder a discursos que patologizan o que cosifican sin problematizar la diferencia sexual.

Si la teoría performativa permite entender la conformación de las identidades modernas, especialmente aquellas que confrontan la matriz heterosexual, ¿es posible entender a su vez las violencias de género hacia identidades no binarias, como las trans*, como una intervención social y agresiva con el objeto de romper la iterabilidad que da consistencia a dichas identidades subversivas? ¿si la transformación del género se puede lograr a través de la repetición de actos diferentes, las violencias de género hacia las personas trans* pueden ser entendidas como una contra-fuerza que no sólo sanciona sino que tienen el objetivo de fragmentar y desaparecer las otras narrativas de género para dar consistencia y legitimación a la ilusión de las identidades cis-heterobinarias?

Desarrollo.

Partiendo de las reflexiones de Butler (Butler, 1998), se entiende el concepto de género como un performance repetido (re-actuado y  re-experimentado) dentro de un conjunto de significados ya socialmente establecidos por lo que es tanto un acto individual como una experiencia compartida dentro de una acción colectiva donde se adquieren estilos de modo generizados estratégicamente establecidos para mantenerlo dentro de un marco binario y hacer cumplir el mandato de la procreación heterosexual, en otras palabras, como “representación performativa es un acto que construye la ficción social de su propia interioridad psicológica” que naturaliza la idea del sexo y deviene en la esencialización de la diferencia sexual  a partir de la idea de dos sexos opuestos y complementarios.

Lo anterior genera un cambio radical en los análisis feministas donde es el género el que antecede al sexo y donde la diferencia sexual deja de ser un rasgo esencial que divide a la especie humana en dos grandes grupos.

Por lo tanto, no existen géneros ni sexos verdaderos o falsos, reales o aparentes, sino que son todos son construcciones históricas contingentes. Unos más legitimados en tanto que otros son sistemáticamente excluidos a partir de un eje normalizador que es la diferencia sexual que se legitima en el deseo cis-heterosexual y tiene su máxima representación en la procreación.

Esta forma de entender al género ha permitido comprender el surgimiento de nuevos sujetos generizados como las personas trans en contextos de sistemas sexo/género modernos rígidos bio-médicos occidentales (Gómez Suárez, 2010) donde los desplazamientos de la iterabilidad del performance del género han tendido a ser alineados a la diferencia sexual partir del surgimiento de las tecnologías de género como las terapias de reemplazo hormonal, las cirugías de reasignación sexual, las cirugías de feminización facial o de voz o partir del surgimiento de narrativas que también se articulan a partir de la diferencia sexual como “el cambio de sexo” como meta aspiracional y/o requisito burocrático para que el Estado reconozca derechos de las personas trans*; o que han sido sancionados a partir de discursos de verdad patologizantes. (Pons Rabasa & Garosi, 2016)

Por tanto, las identitades trans* no han estado exentas de padecer violencias de género. Sin embargo, hay que comprender a las violencias de género más allá de la idea de la diferencia sexual de tal forma que su aproximación no remita a la esencialización de los cuerpos que invisibilicen o minimicen las violencias que vivimos las personas trans* (Pons Rabasa & Sol García, 2011). De esta forma se propone abordar como violencia de género cualquier acto o discurso que tenga por objeto limitar, anular o invisibilizar los diversos desplazamientos del performance de género para obligarlo a ajustarse a la matriz binaria cis-heterosexual influenciado  a su vez por categorías como la clase social, el grupo étnico, el capacitismo, el estatus migratorio, entre otros factores globales o locales que puedan participar como tecnologías de control de género complejo.

Comprender las violencias de género a partir de la performatividad tiene el potencial de reconocer que son ciertos performances de género, que devienen en la materialización de ciertas corporalidades, lo que desencadena su reconocimiento y asimilación dentro del sistema sexo/género o su rechazo y, consecuente, expulsión.

Asimismo, que en el continuo proceso de ordenar y jerarquizar lo simbólico para dar consistencia a nuestras identidades durante la iterabilidad del performance de género, ninguna persona está exenta de elaborar actos o discursos que nos coloquen en un nivel de superioridad con respecto de otras personas al momento de generizarnos, especialmente, cuando en este proceso de hacer género se involucran de forma compleja las diferentes lógicas de ordenamiento interseccional. (Serret, 2006)

Por tanto, si se entiende a las violencias de género como una misma fuerza de naturaleza opuesta a los desplazamientos de la iterabilidad del género propongo que su análisis se pueda realizar a partir de los cuatro planos que desarolla  Hortensia Moreno para al análisis del discurso fílmico (Moreno, Sin año): en donde la discursividad niegue o alineé los procesos de procesos de formación subjetiva y representación a la realidad a la matriz cis-heterosexual;  en donde sólo ciertas performatividades de género sean consideradas como válidas o superiores dentro de los mecanismos de formación de la identidades;  en donde la influencia del lenguaje en la construcción del contexto social sólo determine o considere como válidas o reales ciertas condiciones de posibilidad en el acto del habla; y el vínculo entre la performatividad y el performance (vigencia y límites) que impidan, nieguen, invisibilicen o anulen ciertas condiciones para la materialidad o corporalidad disidente.

En el primer plano de análisis correspondería a identificar contextos de relaciones de poder que impedirían que el cuerpo adquiera el significado que permita su desplazamiento de la norma de género. Por tanto, implicaría el ejercicio de una fuerza ilocucionaria para sancionar con fuertes estigmas emocionales, sociales y simbólicos el alejamiento a la norma. Por ejemplo, la patologización de la transexualidad a través del discurso de verdad de las autoridades médicas que mediante un diagnóstico médico han interpelado a ciertas identidades trans* o la cosificación que se puede manifestar de diferentes formas como la tercer-generización[2]que  consiste en la imposición externa de una geografía identitaria diferente a la binaria generalmente ubicada como un tercer género o tercer sexo y que con frecuencia tiene un matiz sensacionalista o invalidante, negando así la posibilidad que las personas trans* puedan auto-adscribirse a alguna identidad cis-binaria, pues se perpetúa así que está última es la única opción válida y natural; la objetivación[3] fuertemente relacionado con la idea cisgenérica del pasacentrismo articulada a la diferencia sexual por lo que el enfoque hacia el cuerpo, las historias y la identidad de las personas trans* se genitaliza y se convierten en objetos, separándolos de la persona y su dignidad; la mistificación[4] derivada del pasacentrismo[5] y la objetivación en donde el centro de atención de las personas y los medios de comunicación se realiza sobre el llamado “cambio de sexo” invisibilizando otras formas de violencias; la trans-interrogación que consiste en la intelectualización producto de la objetivación que se centra en el “por qué” existimos las personas trans* soslayando el proceso de construcción de todas las demás identidades.  La trans-interrogación tiene dos efectos lamentables: al no cuestionar el proceso de construcción social de las identidades cis legítima la idea de su superioridad asimismo deja pasar la valiosa oportunidad académica de cuestionar y criticar el sistema normativo y estructural que se traduce en privilegios de nacimiento hacia las identidades cis y que al mismo tiempo oprime y excluye al resto de las identidades trans*.

El segundo plano de análisis que tiene que ver con la performatividad del género lo relaciono con la cisnormatividad que consideraría el performance de género trans* como inferior, falso o actuado sin cuestionar que todas las personas estamos en un proceso continuo de hacer género de tal forma que el cuerpo, el género y la sexualidad de las personas trans* es asumido como artificial  en tanto se asume la posición identitaria cisgénero como un rasgo esencial e interno. A esto, le llamaría privilegio cisgénero[6] que deviene en cissexismo, que consiste en asumir como inferior o menos auténtica la identidad de las personas trans* con respecto a las personas cis[7]. Es a partir de este privilegio cisgénero en donde se realiza una forma de violencia común: la desgenerización[8], que busca re-imponer una identidad asignada al nacer, y que la persona trans* ha rechazado tanto discursiva como performativamente, mediante la búsqueda de rasgos físicos, comportamientos o expresiones relacionados con los estereotipos ligados a cada género, y aunque es común que la padezcan las personas trans* también son víctimas las personas intersex y quienes no se ajustan a la norma o estereotipos de género[9]. La performatividad de género articulada no sólo con la cisnorma sino también con otros factores sociales como la clase social o el grupo étnico generaría diferentes fronteras imaginarias a partir de conceptos como el pasacentrismo[10] que consiste en la idea de la apropiación del privilegio cisgénero por parte de las personas trans*, pero condicionado a que la persona no sea identificada o se identifique como persona trans* pues en caso contrario se asume dicha apropiación como “fraudulenta” invisibilizando que el proceso de generización cotidiano es socializado hacia todas las personas desde la infancia y que ejercemos esta actividad de forma inconsciente. Quienes “pasan” y quienes “no pasan” se convierte en forma de violencia de género incluso entre personas trans* generando, en ciertos contextos sociales, procesos de jerarquización entre unas y otras. Otra forma de violencia de género es la malgenerización[11], que tiene el objeto de realizar una  desgenerización, como una forma de negación de reconocimiento social al performance de género de la persona trans* frecuentemente manifestado cuando se le llama a un hombre trans* en femenino o a una mujer trans* en masculino.

El tercer plano de análisis tiene que ver con la influencia del lenguaje en la construcción del contexto social que determina las condiciones de posibilidad en el acto del habla. En el análisis de las violencias de género hacia las personas trans* estaría relacionado con la ausencia de nominación y falta de reconocimiento dentro de las relaciones de poder en las estructuras sociales. Se manifiesta desde exclusión del entorno familiar como un acto de autoridad de rechazo a la discursividad de la hija o el hijo trans*, la invisibilización de las experiencias y vivencias de las personas trans* en los estudios académicos o encuestas de instituciones públicas o privadas hasta la negativa de las instituciones del Estado en reconocer legalmente el nombre y el sexo auto-afirmado de las personas trans*, o bien, el establecimiento de procedimientos  largos y caros para realizar dicho reconocimiento que patologizan o revictimizan a las personas trans*. Moreno considera a la interpelación como el acto ilocucionario definitivo para constituir social y discursivamente al sujeto, por tanto, sea de forma implícita u oficial su objetivo es colocar a la persona en el lugar de la abyección para evitar así reconocimiento.

Finalmente, el cuarto plano de análisis de Moreno se relacionaría con la contextualidad que permitiría identificar efectivamente la violencia de género hacia la persona trans* a partir del contenido ilocucionario y la fuerza ilocucionaria que tendrían por objeto deshacer el género de la persona trans* tanto de forma simbólica, social o física, ésta última representaría la forma más agresiva de violencia de género que incluiría desde agresiones físicas como golpes, violencia sexual, tortura hasta la forma más extrema que sería el asesinato de la persona trans* como acto definitivo para eliminar los desplazamientos del performance de género que se consideren más abyectos o menos inteligibles, donde los factores de clase, grupo étnico, diversidad funcional y corporal, entre otros, se articulan de forma compleja y que explicaría por qué unas posiciones identitarias son más excluidas que otras, por qué unas gozan de ciertos privilegios y se les permite la existencia social en tanto otras son sistemáticamente excluidas e invisibilizadas.

Si bien he abordado separadamente los cuatro planos de análisis para reflexionar sobre las violencias de género hacia las personas trans* considero que estos planos participan activamente y se superponen de forma compleja para constituir las diferentes formas de violencia que he señalado de forma enunciativa más no limitativa.

Las violencias de género hacia las personas trans*, de esta forma, pudieran entenderse como actos o discursos que tienen como objetivo impedir la materialización o corporización de identidades emergentes subversivas a partir de la fractura de su iterabilidad, o bien, a partir de la imposición de discursos o prácticas que tiene el objeto de asimilar dentro de las normas y discursos hegemónicos para solo así obtener legitimidad.

Asimismo, también pudieran entenderse como interrupciones u obstáculos al proceso de materialización que impiden la iterabilidad lo que generaría la posibilidad de crear las fronteras imaginarias que darían permanencia a cuerpos desplazados de la norma.

Conclusiones

Si partimos que las identidades son construcciones sociales e históricas dentro de ciertos espacios discursivos y que las diferentes violencias de género no sólo tienen el efecto de sancionar sino de seguir legitimando como únicamente válidas ciertos performances de género al mismo tiempo que se reconoce que el hacer género no se puede abstraer del contexto del sistema sexo/género que nos abarca, por tanto, el espacio para ampliar las fronteras de inteligibilidad es breve pero, sin embargo, existe.

Es en este espacio donde no sólo se dan los desplazamientos sino las diferentes formas de violencia de género para alinear, obligar a asimilar, invisibilizar o desaparecer a las disidencias del género que oprime.

Por tanto, ¿es posible pensar en violencias de género más allá del sexo de la persona agredida y la persona que agrede al acto performativo que participa en la constitución de las identidades? De esta forma, ¿las diferentes formas de violencias de género, adicional a su efecto sancionador, también tendrán performativamente una función de dotar de solidez y consistencia a un performance de género que busca ubicarse en un plano de superioridad tanto simbólica como social de lo que usualmente identificamos como sujeto agresor? Por tanto, quizá implique una diferente forma de pensar las violencias hacia las personas trans* como la materialización violenta de una frontera imaginaria que también da consistencia y legitimidad a quien hace el acto violento, es decir, ¿podemos entender así la normalización de un hacer género en contextos normalizados de violencia? Donde las violencias de género no sólo sean vistas como formas de oprimir y controlar sino como un mecanismo explícitamente agresivo para dar consistencia a las identidades que se asumen como naturales, válidas o únicas.

Aproximarse a las violencias de género desde esta concepción quizás permita hacer lecturas más amplias y complejas de las violencias de género que las personas ejercemos cotidianamente no sólo a partir de la categoría de género sino a partir de una articulación multidimensional que involucre otras categorías que, efectivamente, participan activamente en la constitución de nuestras subjetividades y vínculos sociales como la clase, el grupo étnico, o la posición geográfica corporal y funcional en la que nos ubiquen (mos).

Por lo que antes de antes de lanzar preguntas para identificar las violencias de género que yo vivo como mujer trans* me pregunto ¿cuáles son los discursos y prácticas que he repetidamente realizado para dar constitución a mi identidad como mujer trans* y usar a mi favor otras categorías de clase o grupo étnico, por ejemplo, para colocarme en un nivel de superioridad no sólo hacia mis compañeras y compañeros trans* sino para hacerme inteligible hacia el resto de mis amistades, compañeras y compañeros de trabajo a pesar de  ser trans*?

Considero que el análisis de las violencias de género a partir de las aportaciones de la teoría performativa tiene un gran potencial para reflexionar no sólo las violencias de género que viven las otras personas (alterizándola) sino para cuestionar las propias violencias de género que ejercemos cotidianamente en un contexto para volvernos inteligibles en un contextos sociales capitalistas, (cis) sexistas, clasistas, capacitistas, racistas, entre otras categorías, por lo que puede contener claves teóricas y políticas para pensar en trabajos complejos articulados a partir de cambios subjetivos, sociales y políticos. Porque ¿cómo podemos concebir teorías de cambio social que no involucren nuestras sesgos subjetivos?

Si bien, en este ejercicio se ha analizado a las violencias de género dirigidas hacia las personas trans* creo que un abordaje a partir de la teoría performativa puede aportar claves teóricas y políticas para un proyecto de emancipación no sólo de las mujeres cisgénero sino para cualquier persona cuyo performance de género le ubique en el lugar de la abyección en donde las violencias de género.

[1] Se usará el apócope “trans*” como un concepto paragüas para abarcar aquellas identidades sexo-genéricas que no se ubican dentro del binario hombre-mujer independientemente de la presencia o ausencia de los procesos quirúrgicos, hormonales e incluso legales que afirmen dicha identidad autopercibida. Esta propuesta es recuperada de los trabajos de Alba Pons Rabasa, de quien agradezco la sugerencia, quien a su vez lo retomó de Mauro Cabral.

[2] (Serano, 2007)

[3] Op. cit.

[4] Op. cit.

[5] Este concepto se aborda en el tercer plano de análisis.

[6] Concepto tomado de Julia Serano quien le llama privilegio cissexual, sin embargo, prefiero usar el concepto cisgénero para que sea más acorde con la teoría performativa dado que es el género, y no el sexo, el eje articulador de dichas violencias y privilegios. (Serano, 2007)

[7] Cis: apócope de cisgénero

[8] op. cit.

[9] El caso más reciente fue la polémica alrededor de la deportista olímpica Caster Semenya o la agresión en 2014 a la actriz española María Díaz por un grupo de personas al confundirla con una mujer trans.

[10] op. cit.

[11] op. cit.