Las diversidades identitarias femeninas en Oaxaca no las exenta de la violencia.


laura-hernandez

“Coyolxauhqui” de Laura Hernández, pintora oaxaqueña

Ya no comparto la idea que haya una “esencia de mujer” como tampoco considero que haya una esencia de “ser hombre” o de cualquier otra identidad. Al contrario, comulgo con los diferentes estudios que consideran que todas las identidades son productos socialmente construidos dentro de un contexto histórico y cultural determinado, por lo tanto, las identidades no son fijas, inmutables ni monolíticas sino en constante cambio, fluidez e influencia constante de su entorno.

En el caso de Oaxaca, me parece que diversos órdenes simbólicos participan en la construcción de las diferentes  identidades femeninas –porque no existe una sola- tanto en su género social como subjetivo, principalmente el ordenador de género que atraviesa a todas las sociedades en todos los momentos históricos y que asume como superior lo masculino sobre lo femenino.

Pero también hay un fuerte componente  étnico que participa en la construcción de las identidades femeninas oaxaqueñas a partir de la discursividad zapoteca, mixteca, mixe, huave, chinanteca, cantina,  mazateca, triqui, cuicateca, cantina, amuzga,  chocholteca, afrodescendiente, entre otras, y que amplía el abanico identitario.

La diversidad cultural en Oaxaca incluso permite la existencia de geografías identitarias no binarias como sucede con las identidades muxe y nguiu de las sociedades zapotecas istmeñas  o las biza’ah de Teotitlán del Valle, donde se borran o atraviesan las fronteras de lo considerado femenino y masculino, como espacios separados, opuestos, excluyentes y complementarios.

Asimismo, Oaxaca no está exento de las influencias de la globalización con sus diferentes efectos tanto positivos relacionados a la visibilización de otras identidades con un fuerte discurso político como las mujeres lesbianas, bisexuales, trans, intersex, entre otras, como sus efectos negativos relacionados con la perpetuación de estereotipos de género que pretenden asimilar y homologar el resto de posiciones identitarias a un discurso hegemónico de validez, superioridad y/o belleza con características relacionadas con el color de piel, la estatura, la complexión física, el ingreso económico, entre otras,  y que participan en la hipersexualización y cosificación de los cuerpos de todas las mujeres.

Cualquiera que sea la geografía social y subjetiva en la que surgen las identidades femeninas en Oaxaca ninguna está libre de las diferentes formas de violencia que se derivan de la forma en que cada orden simbólico –de género, étnico, de clase, etc- jerarquiza y valora qué es superior y qué es inferior de tal forma que no hay ningún espacio social donde los cuerpos identificados como mujeres sean consideradas inferiores a aquellos reconocidos como hombres y que se refleja en el acceso inequitativo a las estructuras e instituciones que representan los poderes políticos, económicos, sociales y religiosos.

El problema de esencializar la identidad femenina mediante un discurso que lo mistifica al sobrevalorar ciertas funciones ligadas con la reproducción o ciertos atributos que se asumen como naturales como la sensibilidad, la espiritualidad, la intuición, entre otros, es que oculta los discursos y prácticas que a partir de su iterabilidad construyen la normatividad simbólica, social, institucional y legal que determina qué espacios y funciones corresponden a las mujeres y cuáles a los hombres.

Este orden normativo no sólo justifica el status quo porque “así siempre ha sido” sino que justifica las diferentes formas de violencias que surgen como respuesta a las exigencias, prácticas y discursos que buscan generar mejores condiciones de igualdad a partir de una lógica democrática en clave de igualdad y de derechos humanos y que van desde la negación de espacios y prerrogativas sociales y políticas (como ejercer ciertos cargos o participar en determinados mecanismos democráticos) hasta las diferentes formas de violencia física, psicológica o sexual así como el la violencia doméstica, callejera, institucionalizada, comunitaria y la más grave, la feminicida que se ejerce contra cualquier niña, adolescente o mujer adulta (solamente este año se han registrado más de 84 casos de mujeres cisgénero mientras que el de las mujeres trans no se lleva la cuenta).

Las cifras de violencia hacia las mujeres en México que hablan de más de dos mil mujeres cisgénero asesinadas cada año, más de siete mil desaparecidas en cuatro años y el segundo lugar de México a nivel mundial en asesinatos transfóbicos revelan que ninguna mujer está segura en el país.

Sin embargo, la suma de factores relacionados con la precariedad, ser mujer indígena, estar en situación de calle, ser migrante, ser lesbiana, bisexual, trans, intersex, ejercer el trabajo sexual y/o ser defensora de derechos humanos aumentan la situación de vulnerabilidad.

A pesar que actualmente se cuenta con un robusto andamiaje jurídico local, nacional e internacional, producto de las demandas feministas, para generar mecanismos para proteger a las mujeres a una vida libre de violencia y acabar con la impunidad persiste la apatía de gran parte de la ciudadanía y la indiferencia de las autoridades para evitar que nos sigan excluyendo, invisibilizando, cosificando  y asesinando.

Rebeca Garza

@Rivka_Azatl

 

Anuncios

26 de Octubre: Día internacional de la visibilización intersexual


intersex

A Laura Inter y Eva Alcántara, gracias por las enseñanzas.

Este 26 de octubre se conmemora el día internacional de la visibilización intersexual. Te preguntarás ¿qué hay que visibilizar? Sus historias llenas de dolor pues gran cantidad de personas intersex  desde su nacimiento son sometidas, de forma invasiva, a cirugías genitales que les generan graves daños físicos y psicoemocionales. Así como sus derechos ampliamente reconocidos por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y los Principios de Yogyakarta como:

  • El derecho a la igualdad y a la no discriminación no sólo a través de la promulgación de leyes que les reconozcan explícitamente sino en la inclusión de programas y capacitación para eliminar las actitudes y prácticas prejuiciosas especialmente a las autoridades médicas y a los padres y madres de familia de las personas intersex;
  • el derecho al reconocimiento de la personalidad jurídica especialmente para que cada persona intersex reconozca la identidad de género con que mejor se identifique sin que se le impongan cirugías con fines de ajustarles a un prejuicio de cuerpo genéricamente normado de tal forma que los procesos de rectificación de identidad sexogenérica sean meros trámites administrativos que no representen costes burocráticos ni exigencias médicas más que la propia auto-adscripción de la persona intersex así como el apoyo social a partir de programas focalizados para quienes se encuentren en estos casos;
  • el derecho a la seguridad personal puesto que la historia de las personas inter están cargadas de rechazo, discriminación y acoso por lo que deben existir sanciones y procedimientos claros y eficientes para investigar y castigar a las personas responsables de acoso así como implementar campañas de sensibilización para combatir los prejuicios relacionados hacia las personas inter;
  • el derecho a la vida privada de las personas intersex de tal forma que sus cuerpos y sus historias dejen de ser vistas como meros expedientes clínicos que se pueden experimentar, compartir y difundir sin consentimiento ni respeto a la dignidad de la persona intersex por lo que siempre se le debe preguntar las condiciones, cuándo, quién y cómo revelar tanto su cuerpo ante otras personas como sus historias;
  • el derecho a toda persona a no ser sometida a torturas ni a penas  o tratos crueles, inhumanos y denigrantes entre las cuales la Corte Interamericana de Derechos Humanos considera las cirugías genitales realizadas a bebés intersex que se realizan más por prejuicio que por asegurar mejor funcionalidad del cuerpo humano ya que les generan consecuencia físicas y emocionales muy graves a lo largo de su vida;
  • el derecho a un nivel de vida adecuado porque el trato inhumano con el que son tratadas muchas personas intersex desde su nacimiento impide que puedan desarrollarse en igualdad de condiciones que el resto de las personas dado los daños físicos y emocionales a los que les sujetan desde temprana edad;
  • protección contra abusos médicos y prácticas médicas dañinas como los procedimientos quirúrgicos genitales y los tratamientos hormonales sin consentimiento y desde temprana edad y atemorizando con prejuicios de género a los padres y madres para facilitar la autorización de tal forma que se evite la alteración irreversible de un cuerpo inter para imponerle una identidad de género sin conocimiento libre, pleno e informado;
  • el derecho a la libertad de opinión y expresión para que la persona intersex elija libremente la expresión de su identidad, su apariencia, su comportamiento, sus características corporales, entre otras sin estereotipos de género así como la búsqueda e intercambio de información concernientes a sus derechos; el derecho a la libertad de reunión y de asociación pacífica para que puedan reunirse y defenderse sobre asuntos concernientes a sus derechos así como trabajar con las autoridades para erradicar prejuicios y estereotipos relacionados hacia las personas intersex; entre otros.

Te invito a leer más las acerca de las historias de las personas intersex y sus exigencias visitando, por ejemplo, el sitio Brújula Intersexual donde encontrarás información valiosa para comprender una parte importante de nuestra sociedad.

Rebeca Garza

México, el país que odia a las mujeres.


transfobia

México se ha convertido en el país que odia a las mujeres. Actualmente estamos viviendo una terrible crisis humanitaria de personas asesinadas o desaparecidas, pero en el caso de las mujeres las cifras no sólo son escandalosas sino ignoradas donde cada año son asesinadas más de dos mil mujeres y más de siete mil mujeres desaparecidas en 4 años.

Sin embargo, dentro de estas tragedias existen otras que son aún más invisibilizadas: los asesinatos a las mujeres trans. En menos de una semana y media hemos recibido noticias de asesinatos de compañeras trans como Paola y Alessa en la Ciudad de México, como el caso de Itzel en Chiapas, como el caso de una mujer trans asesinada en el Estado de México; y hemos recibido la noticia de la desaparición de una chica trans de Chihuahua.

Si bien, a estos casos les han sucedido protestas y exigencias enérgicas hacia las autoridades por justicia y protección no ha habido siquiera pronunciamientos de las autoridades más que de CONAPRED, y esto es insuficiente.

Para quienes piensan que las personas trans –hombres y mujeres- no tenemos protección alguna hacia nuestros derechos humanos les invito revisar el informe “Violencias contra personas LGBTI” de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Con respecto a las violaciones de los derechos de las personas trans no sólo realiza recomendaciones para que los Estados incorporen de forma explícita el concepto de identidad de género dentro de sus protecciones legales sino que también solicita incorporar dentro de las penas el agravante por “crimen de odio” o “agravante cometido por prejuicio”, la obligación del funcionariado público por evitar a toda costa los discursos de odio porque además de menoscabar el derecho a la no discriminación afecta a la confianza que se le tienen a las instituciones de Estado, recomienda trabajar la educación de la diversidad sexual desde la infancia y la escuela, capacitar a las autoridades en los temas de la violencia derivadas de la diversidad sexual, desagregar en los indicadores de violencia información por identidad de género, orientación sexual y diversidad corporal, brindar facilidades para que las personas y asociaciones LGBTI accedan a espacios en medios de comunicación y generar debates más igualitarios dado el contexto de prejuicios y estereotipos, entre otras recomendaciones.

Para el caso de las mujeres trans, la Comisión también es clara en señalar que aunque no existan disposiciones específicas estamos protegidas bajo los instrumentos internacionales de derechos humanos como Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer de la ONU (“CEDAW”, por sus siglas en inglés), la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y la Convención de Belém do Pará.

A partir de esta interpretación, a las mujeres trans también nos protege la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y sus correspondientes leyes estatales, por lo que la CONAVIM encargada de ejecutar esta ley, tiene la obligación de llegar las cifras de las violencias hacia mujeres tras e intersexuales y tomarlas en cuenta al momento de solicitar las Alertas de Género.

No lo ha hecho, porque aún persiste la idea de que las mujeres trans y, algunas mujeres intersex, no somos mujeres. Esta misma idea que niega nuestra identidad no sólo nos invisibiliza en las estadísticas y en las políticas públicas sobre la violencia, sino que detona la exclusión social que lleva la precariedad y está en la mente de cada uno de los asesinos por transfobia.

Rebeca Garza

Hoy cumplo 15 años en el Servicio Profesional Electoral de @INEMexico


Hoy cumplo 15 años en el Servicio Profesional Electoral que el IFE le heredó al INE.

Tenía 22 años cuando recién egresada de la Universidad Autónoma de Nuevo León trabajaba en una empresa de telemarketing como una forma de pagar los trámites de mi titulación, como una forma de sentirme útil y productiva ante mi familia.

Había llegado a ese trabajo después de muchos y muchos rechazos de otras empresas, principalmente privadas como FEMSA o CEMEX cuyos directivos hombres se mostraban agresivos y no disimulaban su rechazo ante una persona que rompía ciertos convencionalismos de género.

Tenía 22 años y ya sabía lo que era ser discriminada. Mi familia se preocupada porque era evidente que encontraría muchas más dificultades que mis hermanos  para encontrar trabajo a pesar de haber concluido con un promedio de 9.4 en la Facultad y contar con diversas prácticas profesionales como estudiante y dominar la incipientes tecnologías de información.

Recibí muchos bienintencionados consejos para “ser diferente” o “comportarme diferente” porque de otra manera “nadie me daría trabajo”. Simplemente me era imposible. No era necedad, era fingir algo o hacer algo que  no me hacía sentir cómoda ni auténtica. Esto no me liberaba del estrés y la preocupación al pensar en cómo sería mi futuro laboral y personal. Era oscuro e incierto.

Una tarde de otoño del año 2000, mi padre me presentó una convocatoria para ingresar al Servicio Profesional Electoral del entonces Instituto Federal Electoral (IFE). En esa época, el IFE gozaba los más altos índices de confianza de todas las instituciones, incluso sobre la Iglesia Católica, debido a la reciente elección donde Vicente Fox había ganado la presidencia logrando algo que parecía imposible en los años 80’s: la alternancia en el poder de forma pacífica.

El servicio social lo había realizado en el IMSS, ahí conocí el servicio público y me fascinó. Sentí algo que no había sentido en la iniciativa privada: sentirme útil para otras personas, ayudarles en sus trámites. En la iniciativa privada me sentía un recurso más a favor del incremento de sus utilidades. Esta experiencia fue lo que le interesó a mi padre cuando me compartió la convocatoria.

Sinceramente, no tenía interés en inscribirme o participar. Sabía del IFE lo que el resto de la población: que ahí tramitábamos la credencial de elector o que organizaba elecciones pero no tenía idea de lo que era organizar alguna. Le dije a mi padre: “Esas plazas ya están dadas, seguro es para taparle el ojo al macho…”. Tantos rechazos me hacían pensar que tampoco tenía posibilidades.

Mi padre me insistió tanto que en realidad fui a preguntar sobre la convocatoria a la Junta Local de Nuevo León sin mucho interés. Al llegar, había un grupo de personas que mediante un proceso casi automático atendía una larga fila con rapidez y eficiencia. Solo me formé, la fila me llevó y salí cargando una solicitud, una guía de estudio y la lista de plazas vacantes.

En casa  me detuve a leer toda la documentación. El lenguaje me era ajeno: ¿”Vocal Ejecutivo”? “¿Vocal de capacitación electoral y educación cívica”? No entendía. Llené mi solicitud. Los cargos los consulte en el entonces COFIPE (Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales) y me registré a participar por el cargo de “Vocal de Capacitación Electoral y Educación Cívica de Junta Distrital” principalmente por dos razones: cumplía con el requisito de edad y en mi trabajo era habitual que capacitara la personas de nuevo ingreso.

El primer examen fue de conocimientos generales. La guía incluía temas de geografía, español, ciencias sociales, historia, matemáticas, entre otros temas que en realidad me parecían temas de cultura general.

La mejor herencia de mi padre surtió efectos en ese momento. Desde que aprendimos a leer y durante toda la vida siempre ha sido un impulsor por la lectura. A pesar de no ser una familia de muchos recurso económicos nunca nos faltaron las enciclopedias y los libros. No solíamos salir de vacaciones. Mi escape ante esos días e incluso en las épocas de mi vida cuando recibí rechazo e incomprensión, siempre fueron los libros y las enciclopedias donde me refugiaba del aislamiento. De ahí nació el amor a la lectura y el acopio de conocimientos generales se dio de forma natural. 

Adicionalmente, como comenté, era medio nerd en la facultad. Mis amigas y amigos nos reuníamos ¡para estudiar!. Por lo tanto, pude concluir mi carrera con dos materias de maestría debido al promedio: Matemáticas y Economía.

Esto me permitió pasar el examen de conocimientos sin muchos problemas y ubicarme en los primeros diez lugares. El examen de dicho concurso se caracterizó por tener una alta complejidad matemática de la que muchas personas se mostraron inconformes. El siguiente examen era el de conocimiento del cargo y la guía de estudios incluía principalmente el COFIPE  y la Constitución Mexicana, ajenos para mí en ese entonces.

Mi padre y yo acordamos que renunciaría a mi trabajo para que yo me dedicara a estudiar para el siguiente examen. Al mismo tiempo, mi abuela Catalina estaba gravemente enferma en Veracruz. Mi madre llevaba meses con ella y me pidió que pasara una temporada al pendiente de mi madre, puesto que nos preocupaba su salud física y emocional ante un inminente fallecimiento.

Hice lo que había realizado durante los cuatro años y medio en la facultad. Me dediqué a leer, hacer diagramas, cuadros sinópticos y tratar de entender dichas leyes. Durante semanas dividía mi tiempo entre cuidar de noche de mi abuelita, estar con mi madre y leer en terapia intensiva y encerrarme en el cuarto de mi abuelita a estudiar y tomar notas.

Solamente regresé a Nuevo León a presentar el segundo examen y me regresé a Veracruz a cuidar a mi madre. Durante ese lapso, mi abuelita falleció y estuve con mi madre apoyándola en diversos trámites funerarios.

Cuando el INE publicó los resultados logre colarme entre los primeros 20 lugares, no recuerdo el exacto pero rondaba el 16. Había poco más de 30 plazas disponibles para el cargo que me había inscrito.

La siguiente etapa era la entrevista. Hasta entonces yo era un folio. Ni un nombre ni un sexo. Eso me daba mucha seguridad a la hora de concursar. Estaba ya por cumplir 23 años en julio. El concurso ya llevaba más de 6 meses. He de decir que los concursos son largos.

Sabía que en la entrevista me iría mal. Tenía 22 años, era recién egresada, no tenía experiencia electoral, no me ajustaba a los convencionalismos de mi género asignado… había mucho material por donde la persona entrevistadora me iba a cuestionar.

Me entrevistaron dos personas: el Vocal Ejecutivo de la Junta Local de Nuevo León y una mujer de oficina centrales.

El Vocal Ejecutivo, no recuerdo su nombre, era un hombre simpátiquísimo, corpulento, moreno y con una presencia muy cálida y amable. Se sorprendió mucho al verme e inmediatemente me preguntó mi edad. En ese entonces pesaba 45 kilos por lo que aparentaba mucho menos de 22 años. Me hizo muchas preguntas en un tono muy amable, me sentí tranquila, no sabía qué me estaba preguntando y en un momento pregunté: “¿qué es lo que usted me está evaluando?”. El contestó de forma muy divertida: “Ah, mira, tengo que evaluar si tienes facilidad de palabra y veo que sí, tengo que evaluar si tienes seguridad también veo que sí…” y fue contándome parte de sus impresiones.

Posteriormente, pasé a la otra entrevista. Ella, tampoco recuerdo su nombre, era una mujer blanca, joven, de gesto duro y muy seria. Imponía su presencia. Después de preguntarme nuevamente mi edad y mi experiencia laboral me dijo directamente: “Yo veo con usted un problema, su edad. ¿qué me diría si un Vocal que le dobla la edad le dice que usted no le va a venir a enseñar nada ?”.

Me molesté mucho. Su tono fue duro y directo. Sabía que no tenía ya nada que perder. Tomé aire y le contesté en el mismo tono firme y directo que ella: “Mire, en primer lugar le confieso que yo me inscribí con muchas dudas a este concurso. Pensé que todas las plazas ya estaban dadas y he llegado hasta aquí a partir de los resultados de los exámenes. Es decir, si estoy aquí es porque en teoría cumplo con los requisitos básicos de conocimientos que ustedes solicitaron. Además, para inscribirme no había un mínimo de edad. Por lo tanto, si usted cree que por mi edad yo no tengo la madurez de desempeñar el cargo creo que es un error. Puedo tener 35 o 40 años y ser una persona inmadura o tener 25 y tener la suficiente madurez. Y sobre su pregunta, si un Vocal me dice eso simplemente le diría que yo no le vengo a enseñar nada. Donde me pongan me dedicaré a trabajar y a apegarme a lo que me señalen, si yo puedo aprender de alguien más eso sería genial y si alguien puede aprender de mi, también.”

Esperaba una sonrisa de aprobación de la entrevistadora pero ella ni siquiera se inmutó. Cuando salí de la entrevista, me preguntó mi hermano David -quien me había acompañado para darme apoyo moral- sobre cómo me había ido. Le dije que mal. Que en una entrevista sentí que me había ido muy bien pero en otra no. Que no esperaba tener buenos resultados.

Cuando salieron publicados los resultados finales estuve aún entre los primeros 20 lugares pero sabía que no alcanzaría plaza en Nuevo León. Durante los exámenes había hecho amistad con otras personas que concursaban como Asdrubal y Ofelia y habíamos acordado llamarnos cuando a alguien le ofrecieran un cargo. A Asdrubal y a mi ya no nos tocaron plazas en Nuevo León.

Hablé con mi papá y mi mamá para preguntarles qué hacer si me tocaba salir de Nuevo León. Nunca había vivido fuera de casa y no lo tenía planeado siquiera. Me dijeron que me apoyaban en todo, en caso que decidiera tomar una plaza de fuera. Eso me dio tranquilidad.

El día que me llamaron de Oficina Central me pidieron que eligiera de las plazas disponibles. Guanajuato, Puebla, y otros estados más alejados del centro tenían vacantes. Pregunté por las vacantes de Puebla. Me dijeron que estaban disponibles Tehuacán, Zacapoaxtla, Izúcar de Matamoros y Acatlán de Osorio. Internet no era lo que es hoy. Me decidí, por mero impulso, por Acatlán de Osorio, pensando que Puebla  no debía ser muy grande.

Era un mes de agosto de 2001 cuando me llamaron. A fines de julio acababa de cumplir 23 años. Me dijeron: “Usted tiene que tomar posesión del cargo el 16 de septiembre”.

El 7 de septiembre llegué a Puebla con una gran maleta, todo el apoyo de mi familia, muchos miedos pero también muchas ilusiones.

El lunes 17 de septiembre las personas integrantes de la 16 Junta Distrital Ejecutiva de Acatlán de Osorio, Puebla, enclavada en la sierra mixteca, me tomaban posesión del cargo y me recibían como parte de su familia.

Sería el inicio de una carrera que me ha dado muchos aprendizajes laborales y de vida, que me ha formado como profesionista y como ser humano, y un camino donde he conocido personas fabulosas que han hecho de mi vida más plena.

¡¡¡A todas y a todos ustedes, muchas gracias. Al IFE, muchas gracias. Al INE, muchas gracias por todo el aprendizaje, el apoyo y las enseñanzas de vida!!!!

El pase de diapositivas requiere JavaScript.


 

Las familias #trans #TambiénSomosFamilia


Sobre el debate alrededor del matrimonio igualitario se ha hablado del derecho de personas gays y lesbianas para conformar una familia. Sin embargo, es importante visibilizar que el matrimonio igualitario también facilita el ejercicio de los derechos de las personas trans.

El mito de que las personas trans no podemos ser merecedoras de amor es desmontado con las hermosas  historias que se escriben día con día a lo largo del país y del mundo.

Como se dice por ahí, estas cosas buenas no se cuentan pero cuentan mucho y ya es una hermosa realidad.

Conforme se nos protegen más derechos,  las personas trans nos sentimos más seguras y protegidas para formar relaciones de pareja con la libertad de vivir libres de prejuicios con alguna persona cisgénero o con alguna otra persona transgénero.

Asimismo, una persona trans –como cualquier personas cis- puede  amar a alguien de su género opuesto, a alguien de su mismo género, a ambos, o esto puede ser irrelevante.

Las personas trans existimos, amamos y nos aman en reciprocidad.

Hemos formado familias donde el amor y el apoyo mutuo es pan de cada día, trabajamos y compartimos entre las personas integrantes de la familia los beneficios sociales y formamos parte de esta sociedad.

Algunas familias tienen hijas e hijos productos de su propia relación o de relaciones anteriores, otras desean adoptar, otras somos felices con nuestros perros o nuestros gatos, otras encuentran la plenitud sin hijos, y un grande y diverso etcétera.

Soy Rebeca Garza, tengo 38 años, soy funcionaria electoral, soy una mujer trans,  y te digo:

Las personas y las familias trans #TambiénSomosFamilia, existimos, aquí estamos y no nos vamos.

trans

Sobre los discursos de odio hacia la diversidad sexual de parte de la Iglesia Católica.


Los discursos de odio hacia grupos específicos explotan el miedo a lo diferente con el objeto de aglutinar fácilmente masas acríticas para así generar la ilusión de un sentido de pertenencia que permiten fácilmente la introducción de propuestas cuestionables tanto éticas  como legalmente.

Estas estrategias no son nuevas. Las vimos a partir de los sucesos del 9/11 donde surgieron discursos de odio que sentaron las raíces de la actual islamofobia globalizada.

Ha sido también la estrategia de la precampaña de Donald Trump en donde acusa a México como causa de muchos de los males de Estados Unidos y que al inicio de su campaña le redituó amplias preferencias.

Actualmente, esta lamentable estrategia está siendo explotada por las diversas instituciones eclesiásticas en México, encabezadas por la Iglesia Católica y dirigida en contra de la población de la diversidad sexual y de lo que ellos llaman ” a ideología del género” como un una forma de desprecio a los estudios críticos sobre género como categoría de análisis de opresión impulsados principalmente por el movimiento feminista.

Estos discursos de odio han tenido como efecto el incremento de prejuicios y la conformación de masas que han justificado actos de diferentes formas de violencia hacia estos grupos históricamente vulnerados-

Si bien, la convivencia democrática dentro de una pluralidad donde diverjan opiniones y creencias no es fácil, el Estado Mexicano, las instituciones públicas que le representan y las personas que las integran tienen la obligación constitucional de manifestar una clara y determinante postura a favor de la igualdad y la no discriminación con una altura de miras más allá del favor electoral.

La peor decisión del Estado mexicano en esta situación será el silencio y la omisión que también le hará responsable de la espiral de violencia que resulte de esta tensión irresuelta.

Rebeca Garza

Reflexiones de “Intersecciones: cuerpos y sexualidades” en la encrucijada de Lucas Platero y Paco Guzmán


La lectura “Intersecciones: cuerpos y sexualidades”se puede consultar aquí.

La lectura de Passing, enmascaramiento y estrategias identitarias: diversidades funcionales y sexualidades no-normativas” de Paco Guzmán y Lucas Platero resulta muy interesante por dos grandes razones: en primer lugar, la aportación conceptual que brinda a la diversidad no normativa el entendimiento de la diversidad funcional; en segundo, la propia intersección de la sexualidad no normativa corporizada en cuerpos diversamente funcionales.

Como parte de lo primero, me resultó novedoso conocer la Teoría Crip y entender las grandes similitudes que tiene con la Teoría Queer al cuestionar la naturalización de las normas sociales de apropiarnos el cuerpo y la sexualidad y que parecieran ser universales.

Si la Teoría Queer visibiliza y denuncia la heteronormatividad de la sociedad, la homonormatividad dentro del llamado colectivo LGBTIQ y ha acuñado nuevos conceptos para visibilizar formas de violencia que se aplican a los cuerpos no normados como el cisexismo y la transmisoginia, por ejemplo, la Teoría Crip aporta el concepto de “capacitismo” que entendería como el prejuicio de suponer que los cuerpos y mentes que se alejan de una idea de capacidad productiva, individual y autónoma -intensificada por la influencia capitalista de la productividad- son inferiores, asexuales,  enfermos, invisibles y/o subnormales. En una intersección religiosa, el capacitismo puede devenir en considerar estos cuerpos y mentes como formas de pecado y/o depositarios de actos asistencialistas que perpetúan el estereotipo de dependencia o infantilismo.

La propia Teoría Crip se reapropia de un concepto de origen despectivo como lo “Cripple” (como tullido) para visibilizar y denunciar el capacitismo, tal y como la Teoría Queer lo ha hecho de las diversas formas de violencia y exclusión a las que son sometidas las personas con identidades y expresiones sexogenéricas no normativas.

Como señalan Guzmán y Platero: “ambos términos reclaman la diferencia como un lugar legítimo” como una “reafirmación pública de una identidad atribuida”, por lo tanto, señalan, una audacia.

En ese sentido, la Teoría Crip aporta el concepto de diversidad funcional alejado del modelo médico de discapacidad tal y como las identidades de la diversidad sexual no normativa -como las personas gays y lesbianas y las personas trans- han luchado por alejarse del discurso patologizante de la ciencia médica.

De la misma forma en que las personas de la diversidad sexual no normativa hemos ido explorando la construcción de identidades colectivas como población LGBT o mujeres trans feministas, la diversidad funcional ha explorado la creación de procesos de identificación colectiva como las minorías lingüísticas como las personas con sordera.

Por lo tanto, las minorías –tanto sexuales no normativas como funcionales- se convierten en agentes de cambio para genera conciencia y empoderamiento mediante diferentes  estrategias de afrontamiento o maneras de enfrentarse a las dificultades que se presenten y que han sido recuperadas tanto por la Teoría Queer como la Crip, por ejemplo:

  1. Passing y Enmascaramiento: El “passing” como la idea de pasar como alguien asimilable o asimilado dentro de las reglas convencionales de “normalidad” tanto como un cuerpo o una mente “capaz” o como un cuerpo alineado a la matriz cis-heteronormativa. El enmascaramiento, sería parte del esfuerzo para acercarse a ese ideal de “pasabilidad” y que implicaría altos costes psicológicos y físicos por exigir a un cuerpo o una mente una materialización ajena a lo que realmente hace sentir cómoda a la persona. Platero y Sánchez le llaman “ocultación”. En el caso de las personas trans, sería el equivalente a vivir “stealth” o invisible, y quizás este concepto de invisibilidad pueda también aplicarse a la diversidad funcional que tiene posibilidades de “pasar” y “enmascararse”.
  2. La visibilización: que sería más bien una acción consciente con un objetivo político de reivindicar la re-apropiación de un cuerpo no normativo ni sexualmente ni funcional pero igualmente válido y digno. Como una forma de confrontar el “capacitismo” y las diferentes formas de violencia que surgen del sistema cis-heteronormativo.

Ahora bien, los cuerpos donde se intersecciona la diversidad funcional con la diversidad sexual no normativa creo que tienen grandes posibilidades de convertirse en una veta de ilustración al explorar y consolidar identidades múltiples dando forma a lo que los autores llaman “interseccionalidad estructural” como “ir más allá de la delimitación de los ámbitos de la diversidad sexual y diversidad funcional como similares, se trata de sumergirnos en los efectos vividos de las personas”.

Lo anterior permitiría el surgimiento de lo que los autores llaman interseccionalidad política como ese conjunto de estrategias sociales y políticas de mantener al margen la diversidad funcional y sexual no normativa bajo la perpetuación del argumento que “hay otros temas de mayor importancia” o “no son problemas de la mayoría” y que fortalecen el mito de la normalidad pero también la exclusión y marginación de quienes nos alejamos a esa idea de “normalidad”.

De esta forma, me parece que el propio concepto de transfeminismo se enriquece y redimensiona a partir de estos dos conceptos de intersección estructural o identidad múltiple para leer como se corporizan y sexualizan las diferentes normas y estructuras de poder de la organización social como la matriz cis-heteronormativa, la edad, la etnia, la religión, la “capacidad”, la clase social, entre otras, en un mismo cuerpo.

Ambas teorías buscan modificar las estructuras que devienen en construcciones sociales de la diversidad funcional y diversidad sexual no normativa ya que la matriz heterosexual invisibiliza y sanciona a lo diferente o “anormal” por alejarse de los ideales de la reproducción por medio del coito tradicional y limitan a su vez el surgimiento de otras posibilidades de manifestación del deseo y del disfrute del erotismo.

Otro aspecto en común de ambas teorías es la visibilización de las formas de violencia que sufren la diversidad funcional y la sexualmente no normativa.

Así como la transfobia hacia las mujeres trans deriva en una transmisoginia las mujeres con diversidad funcional, especialmente mental, sufren de una especie de capacitismo misógino bajo el prejuicio que las mujeres tenemos el potencial de ser histéricas o “locas”.

Con respecto al deseo y las prácticas sexuales, creo que las personas de la diversidad funcional y de la diversidad sexual, especialmente las personas trans, compartimos el prejuicio de no ser consideradas como parejas potenciales o sexualmente deseables más allá del morbo que implica una experiencia sexual con alguien “freak”.

Otras formas de violencia es el grado de vulnerabilidad social, económica  y política que tanto las personas de la diversidad funcional y de la diversidad sexual no normativa tenemos en común. Las primeras por parte de sus personas cuidadoras y ambas por parte de una sociedad que considera que no tenemos un espacio digno ni deseable que ocupar dentro de la vida social y que, muchas veces, introyectamos dentro del proceso de construcción de nuestra identidad en demérito, incluso, del ejercicio autónomo de nuestra ciudadanía.

Quizás las personas de la diversidad funcional que son dependientes de apoyos humanos y dispositivos para realizar cualquier actividad pueden convertirse en una veta de ilustración para explorar la idea del cuerpo cybergrotesco[1]  como una forma de bricolaje de resistencia de la producción[2] como señala María Rubio en “El ojo saturado del placer”.[3]

Pareciera que existe menos presión social para ejercer una sexualidad normativa para quienes forman parte de la diversidad funcional dado que la sociedad asume dichos cuerpos como asexuales lo que permite que exploren con, aparente menos presión social, un erotismo no normativo.

Quizás el reto que viven las personas de la diversidad funcional como las personas de la diversidad sexualmente no normativa es, como señala Sofía Argüello, generar procesos de identificación estratégicas y temporales para asegurar procesos de agenciamiento en la vida pública y política y evitar el riesgo de generar “guetos” o comunidades cerradas que a la postre esencialicen o naturalicen retroactivamente el reclamo a la diferencia.

Rebeca Garza

[1] Tecnológico-grotesco (…) como propone Donna Haraway, una suerte de escritura que se inscribe en lo tecnológico mientras se define, se abre al “mundo alien” y es atravesado por él, intersectado por las prácticas sociales en las que ese sujeto es.”

[2] Relectura del producto de consumo y elaboración-reciclaje que contraría el desarrollo lineal, el progreso indefinido sin respetar límites, bordes, posiciones, reglas ubicándose en el medio, en lo ambigüo y en lo mezclado.

[3] Ruido, M. (2000). El ojo saturado de placer. Sobre fragmentación, porno-evidencia y bricotecnología.

Banda aparte. (18):51-62.