Acercamiento de las violencias de género hacia personas trans* a partir de la teoría performativa.


Introducción.

Butler considera que la identidad es instituida por la repetición estilizada de actos; y, el género,  por la estilización del cuerpo (gestos corporales, movimientos, normas de todo tipo, etc) y esto genera la ilusión de un yo generizado permanente en donde el concepto de género se conceptualiza como una temporalidad social constituida. Por lo tanto, considera que para transformar el género  nos podemos apoyar en diferentes maneras de repetición de actos; mediante la ruptura de actos; o, mediante la repetición subversiva de ese estilo. (Butler, 1998)

Mientras que la teoría feminista considera al cuerpo como un hecho ya predeterminado tanto de forma natural, cultural o lingüística, Butler lo con considera como una “herencia de actos sedimentados, renovados, revisados y consolidados con el tiempo”, y es en esa repetición donde encuentra la clave para la subversión.

Las identidades trans*[1] son modalidades de género que no se pueden entender dentro de las categorías binarias de género sin acceder a discursos que patologizan o que cosifican sin problematizar la diferencia sexual.

Si la teoría performativa permite entender la conformación de las identidades modernas, especialmente aquellas que confrontan la matriz heterosexual, ¿es posible entender a su vez las violencias de género hacia identidades no binarias, como las trans*, como una intervención social y agresiva con el objeto de romper la iterabilidad que da consistencia a dichas identidades subversivas? ¿si la transformación del género se puede lograr a través de la repetición de actos diferentes, las violencias de género hacia las personas trans* pueden ser entendidas como una contra-fuerza que no sólo sanciona sino que tienen el objetivo de fragmentar y desaparecer las otras narrativas de género para dar consistencia y legitimación a la ilusión de las identidades cis-heterobinarias?

Desarrollo.

Partiendo de las reflexiones de Butler (Butler, 1998), se entiende el concepto de género como un performance repetido (re-actuado y  re-experimentado) dentro de un conjunto de significados ya socialmente establecidos por lo que es tanto un acto individual como una experiencia compartida dentro de una acción colectiva donde se adquieren estilos de modo generizados estratégicamente establecidos para mantenerlo dentro de un marco binario y hacer cumplir el mandato de la procreación heterosexual, en otras palabras, como “representación performativa es un acto que construye la ficción social de su propia interioridad psicológica” que naturaliza la idea del sexo y deviene en la esencialización de la diferencia sexual  a partir de la idea de dos sexos opuestos y complementarios.

Lo anterior genera un cambio radical en los análisis feministas donde es el género el que antecede al sexo y donde la diferencia sexual deja de ser un rasgo esencial que divide a la especie humana en dos grandes grupos.

Por lo tanto, no existen géneros ni sexos verdaderos o falsos, reales o aparentes, sino que son todos son construcciones históricas contingentes. Unos más legitimados en tanto que otros son sistemáticamente excluidos a partir de un eje normalizador que es la diferencia sexual que se legitima en el deseo cis-heterosexual y tiene su máxima representación en la procreación.

Esta forma de entender al género ha permitido comprender el surgimiento de nuevos sujetos generizados como las personas trans en contextos de sistemas sexo/género modernos rígidos bio-médicos occidentales (Gómez Suárez, 2010) donde los desplazamientos de la iterabilidad del performance del género han tendido a ser alineados a la diferencia sexual partir del surgimiento de las tecnologías de género como las terapias de reemplazo hormonal, las cirugías de reasignación sexual, las cirugías de feminización facial o de voz o partir del surgimiento de narrativas que también se articulan a partir de la diferencia sexual como “el cambio de sexo” como meta aspiracional y/o requisito burocrático para que el Estado reconozca derechos de las personas trans*; o que han sido sancionados a partir de discursos de verdad patologizantes. (Pons Rabasa & Garosi, 2016)

Por tanto, las identitades trans* no han estado exentas de padecer violencias de género. Sin embargo, hay que comprender a las violencias de género más allá de la idea de la diferencia sexual de tal forma que su aproximación no remita a la esencialización de los cuerpos que invisibilicen o minimicen las violencias que vivimos las personas trans* (Pons Rabasa & Sol García, 2011). De esta forma se propone abordar como violencia de género cualquier acto o discurso que tenga por objeto limitar, anular o invisibilizar los diversos desplazamientos del performance de género para obligarlo a ajustarse a la matriz binaria cis-heterosexual influenciado  a su vez por categorías como la clase social, el grupo étnico, el capacitismo, el estatus migratorio, entre otros factores globales o locales que puedan participar como tecnologías de control de género complejo.

Comprender las violencias de género a partir de la performatividad tiene el potencial de reconocer que son ciertos performances de género, que devienen en la materialización de ciertas corporalidades, lo que desencadena su reconocimiento y asimilación dentro del sistema sexo/género o su rechazo y, consecuente, expulsión.

Asimismo, que en el continuo proceso de ordenar y jerarquizar lo simbólico para dar consistencia a nuestras identidades durante la iterabilidad del performance de género, ninguna persona está exenta de elaborar actos o discursos que nos coloquen en un nivel de superioridad con respecto de otras personas al momento de generizarnos, especialmente, cuando en este proceso de hacer género se involucran de forma compleja las diferentes lógicas de ordenamiento interseccional. (Serret, 2006)

Por tanto, si se entiende a las violencias de género como una misma fuerza de naturaleza opuesta a los desplazamientos de la iterabilidad del género propongo que su análisis se pueda realizar a partir de los cuatro planos que desarolla  Hortensia Moreno para al análisis del discurso fílmico (Moreno, Sin año): en donde la discursividad niegue o alineé los procesos de procesos de formación subjetiva y representación a la realidad a la matriz cis-heterosexual;  en donde sólo ciertas performatividades de género sean consideradas como válidas o superiores dentro de los mecanismos de formación de la identidades;  en donde la influencia del lenguaje en la construcción del contexto social sólo determine o considere como válidas o reales ciertas condiciones de posibilidad en el acto del habla; y el vínculo entre la performatividad y el performance (vigencia y límites) que impidan, nieguen, invisibilicen o anulen ciertas condiciones para la materialidad o corporalidad disidente.

En el primer plano de análisis correspondería a identificar contextos de relaciones de poder que impedirían que el cuerpo adquiera el significado que permita su desplazamiento de la norma de género. Por tanto, implicaría el ejercicio de una fuerza ilocucionaria para sancionar con fuertes estigmas emocionales, sociales y simbólicos el alejamiento a la norma. Por ejemplo, la patologización de la transexualidad a través del discurso de verdad de las autoridades médicas que mediante un diagnóstico médico han interpelado a ciertas identidades trans* o la cosificación que se puede manifestar de diferentes formas como la tercer-generización[2]que  consiste en la imposición externa de una geografía identitaria diferente a la binaria generalmente ubicada como un tercer género o tercer sexo y que con frecuencia tiene un matiz sensacionalista o invalidante, negando así la posibilidad que las personas trans* puedan auto-adscribirse a alguna identidad cis-binaria, pues se perpetúa así que está última es la única opción válida y natural; la objetivación[3] fuertemente relacionado con la idea cisgenérica del pasacentrismo articulada a la diferencia sexual por lo que el enfoque hacia el cuerpo, las historias y la identidad de las personas trans* se genitaliza y se convierten en objetos, separándolos de la persona y su dignidad; la mistificación[4] derivada del pasacentrismo[5] y la objetivación en donde el centro de atención de las personas y los medios de comunicación se realiza sobre el llamado “cambio de sexo” invisibilizando otras formas de violencias; la trans-interrogación que consiste en la intelectualización producto de la objetivación que se centra en el “por qué” existimos las personas trans* soslayando el proceso de construcción de todas las demás identidades.  La trans-interrogación tiene dos efectos lamentables: al no cuestionar el proceso de construcción social de las identidades cis legítima la idea de su superioridad asimismo deja pasar la valiosa oportunidad académica de cuestionar y criticar el sistema normativo y estructural que se traduce en privilegios de nacimiento hacia las identidades cis y que al mismo tiempo oprime y excluye al resto de las identidades trans*.

El segundo plano de análisis que tiene que ver con la performatividad del género lo relaciono con la cisnormatividad que consideraría el performance de género trans* como inferior, falso o actuado sin cuestionar que todas las personas estamos en un proceso continuo de hacer género de tal forma que el cuerpo, el género y la sexualidad de las personas trans* es asumido como artificial  en tanto se asume la posición identitaria cisgénero como un rasgo esencial e interno. A esto, le llamaría privilegio cisgénero[6] que deviene en cissexismo, que consiste en asumir como inferior o menos auténtica la identidad de las personas trans* con respecto a las personas cis[7]. Es a partir de este privilegio cisgénero en donde se realiza una forma de violencia común: la desgenerización[8], que busca re-imponer una identidad asignada al nacer, y que la persona trans* ha rechazado tanto discursiva como performativamente, mediante la búsqueda de rasgos físicos, comportamientos o expresiones relacionados con los estereotipos ligados a cada género, y aunque es común que la padezcan las personas trans* también son víctimas las personas intersex y quienes no se ajustan a la norma o estereotipos de género[9]. La performatividad de género articulada no sólo con la cisnorma sino también con otros factores sociales como la clase social o el grupo étnico generaría diferentes fronteras imaginarias a partir de conceptos como el pasacentrismo[10] que consiste en la idea de la apropiación del privilegio cisgénero por parte de las personas trans*, pero condicionado a que la persona no sea identificada o se identifique como persona trans* pues en caso contrario se asume dicha apropiación como “fraudulenta” invisibilizando que el proceso de generización cotidiano es socializado hacia todas las personas desde la infancia y que ejercemos esta actividad de forma inconsciente. Quienes “pasan” y quienes “no pasan” se convierte en forma de violencia de género incluso entre personas trans* generando, en ciertos contextos sociales, procesos de jerarquización entre unas y otras. Otra forma de violencia de género es la malgenerización[11], que tiene el objeto de realizar una  desgenerización, como una forma de negación de reconocimiento social al performance de género de la persona trans* frecuentemente manifestado cuando se le llama a un hombre trans* en femenino o a una mujer trans* en masculino.

El tercer plano de análisis tiene que ver con la influencia del lenguaje en la construcción del contexto social que determina las condiciones de posibilidad en el acto del habla. En el análisis de las violencias de género hacia las personas trans* estaría relacionado con la ausencia de nominación y falta de reconocimiento dentro de las relaciones de poder en las estructuras sociales. Se manifiesta desde exclusión del entorno familiar como un acto de autoridad de rechazo a la discursividad de la hija o el hijo trans*, la invisibilización de las experiencias y vivencias de las personas trans* en los estudios académicos o encuestas de instituciones públicas o privadas hasta la negativa de las instituciones del Estado en reconocer legalmente el nombre y el sexo auto-afirmado de las personas trans*, o bien, el establecimiento de procedimientos  largos y caros para realizar dicho reconocimiento que patologizan o revictimizan a las personas trans*. Moreno considera a la interpelación como el acto ilocucionario definitivo para constituir social y discursivamente al sujeto, por tanto, sea de forma implícita u oficial su objetivo es colocar a la persona en el lugar de la abyección para evitar así reconocimiento.

Finalmente, el cuarto plano de análisis de Moreno se relacionaría con la contextualidad que permitiría identificar efectivamente la violencia de género hacia la persona trans* a partir del contenido ilocucionario y la fuerza ilocucionaria que tendrían por objeto deshacer el género de la persona trans* tanto de forma simbólica, social o física, ésta última representaría la forma más agresiva de violencia de género que incluiría desde agresiones físicas como golpes, violencia sexual, tortura hasta la forma más extrema que sería el asesinato de la persona trans* como acto definitivo para eliminar los desplazamientos del performance de género que se consideren más abyectos o menos inteligibles, donde los factores de clase, grupo étnico, diversidad funcional y corporal, entre otros, se articulan de forma compleja y que explicaría por qué unas posiciones identitarias son más excluidas que otras, por qué unas gozan de ciertos privilegios y se les permite la existencia social en tanto otras son sistemáticamente excluidas e invisibilizadas.

Si bien he abordado separadamente los cuatro planos de análisis para reflexionar sobre las violencias de género hacia las personas trans* considero que estos planos participan activamente y se superponen de forma compleja para constituir las diferentes formas de violencia que he señalado de forma enunciativa más no limitativa.

Las violencias de género hacia las personas trans*, de esta forma, pudieran entenderse como actos o discursos que tienen como objetivo impedir la materialización o corporización de identidades emergentes subversivas a partir de la fractura de su iterabilidad, o bien, a partir de la imposición de discursos o prácticas que tiene el objeto de asimilar dentro de las normas y discursos hegemónicos para solo así obtener legitimidad.

Asimismo, también pudieran entenderse como interrupciones u obstáculos al proceso de materialización que impiden la iterabilidad lo que generaría la posibilidad de crear las fronteras imaginarias que darían permanencia a cuerpos desplazados de la norma.

Conclusiones

Si partimos que las identidades son construcciones sociales e históricas dentro de ciertos espacios discursivos y que las diferentes violencias de género no sólo tienen el efecto de sancionar sino de seguir legitimando como únicamente válidas ciertos performances de género al mismo tiempo que se reconoce que el hacer género no se puede abstraer del contexto del sistema sexo/género que nos abarca, por tanto, el espacio para ampliar las fronteras de inteligibilidad es breve pero, sin embargo, existe.

Es en este espacio donde no sólo se dan los desplazamientos sino las diferentes formas de violencia de género para alinear, obligar a asimilar, invisibilizar o desaparecer a las disidencias del género que oprime.

Por tanto, ¿es posible pensar en violencias de género más allá del sexo de la persona agredida y la persona que agrede al acto performativo que participa en la constitución de las identidades? De esta forma, ¿las diferentes formas de violencias de género, adicional a su efecto sancionador, también tendrán performativamente una función de dotar de solidez y consistencia a un performance de género que busca ubicarse en un plano de superioridad tanto simbólica como social de lo que usualmente identificamos como sujeto agresor? Por tanto, quizá implique una diferente forma de pensar las violencias hacia las personas trans* como la materialización violenta de una frontera imaginaria que también da consistencia y legitimidad a quien hace el acto violento, es decir, ¿podemos entender así la normalización de un hacer género en contextos normalizados de violencia? Donde las violencias de género no sólo sean vistas como formas de oprimir y controlar sino como un mecanismo explícitamente agresivo para dar consistencia a las identidades que se asumen como naturales, válidas o únicas.

Aproximarse a las violencias de género desde esta concepción quizás permita hacer lecturas más amplias y complejas de las violencias de género que las personas ejercemos cotidianamente no sólo a partir de la categoría de género sino a partir de una articulación multidimensional que involucre otras categorías que, efectivamente, participan activamente en la constitución de nuestras subjetividades y vínculos sociales como la clase, el grupo étnico, o la posición geográfica corporal y funcional en la que nos ubiquen (mos).

Por lo que antes de antes de lanzar preguntas para identificar las violencias de género que yo vivo como mujer trans* me pregunto ¿cuáles son los discursos y prácticas que he repetidamente realizado para dar constitución a mi identidad como mujer trans* y usar a mi favor otras categorías de clase o grupo étnico, por ejemplo, para colocarme en un nivel de superioridad no sólo hacia mis compañeras y compañeros trans* sino para hacerme inteligible hacia el resto de mis amistades, compañeras y compañeros de trabajo a pesar de  ser trans*?

Considero que el análisis de las violencias de género a partir de las aportaciones de la teoría performativa tiene un gran potencial para reflexionar no sólo las violencias de género que viven las otras personas (alterizándola) sino para cuestionar las propias violencias de género que ejercemos cotidianamente en un contexto para volvernos inteligibles en un contextos sociales capitalistas, (cis) sexistas, clasistas, capacitistas, racistas, entre otras categorías, por lo que puede contener claves teóricas y políticas para pensar en trabajos complejos articulados a partir de cambios subjetivos, sociales y políticos. Porque ¿cómo podemos concebir teorías de cambio social que no involucren nuestras sesgos subjetivos?

Si bien, en este ejercicio se ha analizado a las violencias de género dirigidas hacia las personas trans* creo que un abordaje a partir de la teoría performativa puede aportar claves teóricas y políticas para un proyecto de emancipación no sólo de las mujeres cisgénero sino para cualquier persona cuyo performance de género le ubique en el lugar de la abyección en donde las violencias de género.

[1] Se usará el apócope “trans*” como un concepto paragüas para abarcar aquellas identidades sexo-genéricas que no se ubican dentro del binario hombre-mujer independientemente de la presencia o ausencia de los procesos quirúrgicos, hormonales e incluso legales que afirmen dicha identidad autopercibida. Esta propuesta es recuperada de los trabajos de Alba Pons Rabasa, de quien agradezco la sugerencia, quien a su vez lo retomó de Mauro Cabral.

[2] (Serano, 2007)

[3] Op. cit.

[4] Op. cit.

[5] Este concepto se aborda en el tercer plano de análisis.

[6] Concepto tomado de Julia Serano quien le llama privilegio cissexual, sin embargo, prefiero usar el concepto cisgénero para que sea más acorde con la teoría performativa dado que es el género, y no el sexo, el eje articulador de dichas violencias y privilegios. (Serano, 2007)

[7] Cis: apócope de cisgénero

[8] op. cit.

[9] El caso más reciente fue la polémica alrededor de la deportista olímpica Caster Semenya o la agresión en 2014 a la actriz española María Díaz por un grupo de personas al confundirla con una mujer trans.

[10] op. cit.

[11] op. cit.

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La indiferencia y el silencio que nos mata…


El caso de Lesvy Berlín Osorio Martínez se ha vuelto representativo del terrible y desolador contexto de violencia misógina en que tenemos que sobrevivir todas las mujeres en México.

Revela lo que muchas feministas y sus estudios han señalado reiteradamente: que es un problema de violencia estructural metido en la más profunda de las entrañas de nuestro sistema social, económico y político.

Ante el deficiente y negligente trabajo de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México que, replicando estereotipos machistas pero de forma institucional, estigmatizó y revictimizó a Osorio Martínez se alzaron diversas voces, de mujeres muchas de ellas feministas, con el hashtag “#SiMeMatan mostrando que todas estamos en riesgo de ser culpabilizadas en caso de ser asesinadas por no llevar una vida conforme a los rancios estereotipos sociales.

Ante la indignación de un gran sector de la sociedad por visibilizar esta forma de violencia institucional hacia Lesvy Berlín se hubiera esperado la solidaridad del resto de la sociedad, pero no fue así, el músculo machista que aún sigue vigoroso se escuchó y se mostró.

Primero, surgió otro hashtag denominado #SiLasMatan en donde varias personas, principalmente hombres, alzan su voz para colocarse en el centro del protagonismo. Nuevamente se sienten desplazados o no tomados en cuenta de las violencias que sufren ellos ignorando que son provocadas por sus propios congéneres y obviando que, son los hombres, quienes siguen acaparando los cargos de decisión y de poder político, económico y social para poder poner un alto a todas las formas de violencias.

Posteriormente, ante una manifestación feminista que grafiteó unas letras de la UNAM para denunciar que la institución educativa ya no es un espacio libre de violencia para las mujeres estudiantes, otro grupo de personas se sintió más indignado por este acto e inmediatamente organizaron un brigada para borrar las leyendas que tenían fuertes mensajes políticos a favor del acceso a una vida libre de violencia.

Hay quienes incluso han tenido la osadía de afirmar que el feminismo mexicano ha perdido rumbo y claridad en sus objetivos y sus vindicaciones. Aún más, existen voces –masculinas por supuesto- que se autoerigen en autoridad para determinar qué posicionamiento es verdaderamente feminista y cuál no.

Mientras tanto, cada día matan a 7 mujeres en México imparable e implacablemente. No hay un solo día en México en donde una mujer, sea cis o trans, sea salvajemente asesinada –estrangulada, golpeada, violada, quemada, mutilada y un trágico etcétera- y en donde gran parte de la prensa mexicana y el aparato de justicia se ensañen en hacerlas culpables de sus asesinatos, en invisibilizar la agresión y al agresor, siendo así cómplices no solo de la perpetuación de estas violencias extremas hacia todas las mujeres  sino también de la cadena de obstáculos que impiden que haya justicia para sus familias y amistades y que, las que aún vivimos, lo hagamos con miedo pensando, temiendo si seremos la siguiente víctima.

Rebeca Garza

@Rivka_Azatl

violencia machista

Alondra Velázquez Hernández, primera candidata #trans en Tlaquepaque, Jalisco.


“Cuando supo que era homosexual mi papá me desconoció. Me decía que le daba vergüenza que la gente supiera que era su hijo”, así recuerda su infancia Alondra Velázquez Hernández en una entrevista de 2013.[1]

Velázquez Hernández narra una niñez llena de conflictos con su familia y con ella misma dada la fuerte homofobia y transfobia socializada dentro de su familia y que inevitablemente se le había introyectado en ella a pesar de tener sueños desde la infancia de ser mujer por lo que a la edad de 13 años decide salirse de su casa. “A esa edad empecé a ejercer el trabajo sexual, como niño”, relata en una entrevista realizada en el año 2012. Si en su infancia se identificaba como homosexual, a partir de los 17 años empieza a “vestirse de mujer” ejerciendo el trabajo sexual en Tijuana, Ensenada, Los Mochis, el Distrito Federal, Michoacán y Manzanillo, en donde padeció diferentes formas de violencias  y abusos tanto de la ciudadanía como de las autoridades policíacas[2], como relata en una entrevista de 2012:

“Viví violaciones, abusos policiacos, de los clientes y de los mismos compañeros con quienes convivía. Fue una vida mucho muy difícil. A un cierto punto me enfadé de estar parada en una esquina a esperar que me llegara el dinero, que a veces había y a veces no, de padecer frío, a la intemperie, de pasar hambre y de correr continuamente riesgos”.

Spiller, Alberto. «La guerra de los géneros.» La gaceta de la Universidad de Guadalajara. 17 de septiembre de 2012.

Catorce años después de abandonar a su familia, regresa a Guadalajara y, a partir del año 2010, comienza a identificarse como transexual y es cuando decide concluir la secundaria, la preparatoria y cursar un diplomado de enfermería.[3]

Actualmente, Alondra Velázquez Hernández tiene estudios de enfermería con especialidad en Enfermería Comunitaria y Epidemiología por la Universidad de Guadalajara y tiene 12 años trabajando en actividades de prevención de contagio de VIH. Coordina su trabajo de colaboración con organizaciones sociales con actividades en una estética. [4]

Cuenta de las diferentes formas de violencia y exclusión que ha vivido a partir de identificarse como Alondra:

“Se me cerraron las puertas en el Ayuntamiento de Tlaquepaque, a pesar de que varias personas habían reconocido mi trabajo y mis capacidades de liderazgo” (…) “Yo creo que en todos los lugares la discriminación es muy fuerte, pero donde más han sonado los crímenes por homofobia y transfobia es justamente en Jalisco” (…) “Aquí vivimos en una ciudad de doble moral, y de la cultura que impulsa la religión católica es donde se empieza a fomentar la discriminación” (…) ““¿Por qué la gente no ve el talento de las personas, sino solamente las apariencias?”.

Spiller, Alberto. «La guerra de los géneros.» La gaceta de la Universidad de Guadalajara. 17 de septiembre de 2012.

Ha sido militante por el PRD, ha integrado la Comisión de la Diversidad Sexual de dicho partido y ha sido creadora del colectivo Diversidad Sexual de Tlaquepaque. También ha sido colaboradora en el Comité Municipal para la Prevención del SIDA (COMUSIDA), hasta el año 2009[5] y también en la Cruz Verde.

Como coordinadora del grupo de Diversidad Sexual ha dado seguimiento y ha sido víctima también de acoso, extorsiones y detenciones arbitrarias por parte de la policía municipal, como sucedió en mayo de 2011 en el municipio de Puerto Vallarta, cuando fue detenida arbitrariamente por la policía municipal mientras platicaba con cuatro jóvenes en donde primero se le acusó falsamente de ejercer la prostitución en la vía pública, posteriormente cambiaron la versión a robo y fue detenida. Poco después recuperó su libertad debido a la presión que hicieron personas diputadas e integrantes de su partido político. Velázquez Hernández considera que el “vestir diferente” las vuelve vulnerables no solo a las detenciones arbitrarias en la vía pública sino a las extorsiones tanto de dinero como a tener prácticas sexuales por parte de la policía municipal.[6]

En el año 2012, fue invitada por la entonces regidora del PRD en Tlaquepaque, Lourdes Macías, a integrarse a su equipo de trabajo[7] como candidata a regidora propietaria para el ayuntamiento de San Pedro Tlaquepaque por el PRD, ocupando el octavo lugar en la lista. Sin embargo, el registro de su candidatura fue bajo el nombre masculino asignado al nacer. [8]

En dicha elección se recibieron 249,868 votos y la planilla que integraba recibió el 4% (10,414 votos), ubicándose como la tercera fuerza política en el municipio. Las primeras dos fuerzas fueron las siguientes coaliciones: PRI-PVEM con el 46% de los votos (109, 803 votos) y PT-MC con el 21% de los votos (50,207 votos).[9]

En una entrevista señala que:

(…)““ya cuando se me dio la oportunidad de presentarme yo como la primera mujer transexual que se lanza para una regiduría aquí en Jalisco es cuando muchos comienzan a tener interés por integrarse, he tenido la comunicación de muchas personas de cómo le pueden hacer para integrarse dentro de la política” (…)

Velazco, Alejandro. «Alondra Hernández, primer transexual que participa en las elecciones locales.» Crónica de sociales. Registro periodístico de las resistencias y luchas en Jalisco. 30 de abril de 2012.

Por tanto, considera que su candidatura permitió dar mayor visibilidad para que otros grupos se empiecen a interesar en el trabajo público y el activismo en Tlaquepaque y Jalisco.

Rebeca Garza

@Rivka_Azatl

[1] Spiller, Alberto. «Los campeones del odio. Jalisco y los feminicidios impunes. .» Replicante. Cultura crítica y periodismo digital. 20 de noviembre de 2013. http://revistareplicante.com/los-campeones-del-odio/ (último acceso: 20 de marzo de 2017).

[2] Spiller, Alberto. «La guerra de los géneros.» La gaceta de la Universidad de Guadalajara. 17 de septiembre de 2012. http://www.gaceta.udg.mx/Hemeroteca/paginas/715/G715_COT%204.pdf (último acceso: 20 de marzo de 2017).

[3] op. cit

[4] Grupo Reforma. «Postulan a César y decidirá Alondra.» http://www.nnc.mx. 21 de abril de 2012. http://www.nnc.mx/notas/82261.php (último acceso: 20 de marzo de 2017).

[5] Velazco, Alejandro. «Alondra Hernández, primer transexual que participa en las elecciones locales.» Crónica de sociales. Registro periodístico de las resistencias y luchas en Jalisco. 30 de abril de 2012. https://cronicadesociales.org/2012/04/30/alondra-hernandez-primer-transexual-que-participa-en-las-elecciones-locales/ (último acceso: 20 de marzo de 2017).

[6] Infante, Miguel A. «Homofobia policiaca solapada.» http://www.proceso.com.mx/. 03 de septiembre de 2011. http://www.proceso.com.mx/280497/homofobia-policiaca-solapada (último acceso: 20 de marzo de 2017).

[7] Spiller, Alberto. «Los campeones del odio. Jalisco y los feminicidios impunes. .» Replicante. Cultura crítica y periodismo digital. 20 de noviembre de 2013. http://revistareplicante.com/los-campeones-del-odio/ (último acceso: 20 de marzo de 2017).

[8] Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Jalisco. «Acuerdo IEPC-AGG-082/12 mediante el cual se resuelven las solicitudes de registro de las planillas de candidatos a munícipes que presentó el PRD para el proceso electoral local ordinario 2011-2012 .» http://www.iepcjalisco.org.mx. 28 de abril de 2012. http://www.iepcjalisco.org.mx/sites/default/files/PUNTO%2030.pdf (último acceso: 20 de marzo de 2017)

[9] Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Jalisco. «Resultados electorales: resultados concentrados de munícipes 2012.» http://www.iepcjalisco.org.mx. s.f. http://www.iepcjalisco.org.mx/resultados-electorales (último acceso: 20 de marzo de 2017).

Rubí Suárez Araujo, primera regidora trans electa en México y en Guanajuato.


El 10 de marzo de 2016, Rubí Suárez Araujo se convirtió en la primera persona trans acceder a ejercer el cargo de una regiduría en México al tomar protesta del cargo por el ayuntamiento de Guanajuato, Guanajuato.

Rubí Suárez Araujo cuenta con nueve años trabajando a favor de la comunidad LGBT en Guanajuato, a raíz de un crimen de odio hacia un amigo en la capital de dicho estado. Fundó una asociación civil de nombre Colectivo Rubí en donde trabaja a favor de los derechos humanos de la comunidad LGBT proporcionando consultoría, educación sexual y prevención de la violencia.

En el año 2016 recibe la propuesta de parte del PRD para ser la candidata propietaria de la regiduría número seis, sin embargo, posteriormente se le ofrece la suplencia de la regiduría número uno para el ayuntamiento de Guanajuato, Guanajuato.

Dada la inexistencia de leyes o reformas locales o federales que reconozcan la identidad de género de las personas trans, una vez que se integró a ejercer su cargo dentro del ayuntamiento, uno de los primeros acuerdos que solicitó que se realizara en Sesión de Cabildo fue que todas las personas reconocieran su identidad como Rubí y que todo el documento que llegara a su oficina tenía que estar dirigido como Regidora Rubí Suárez Araujo mientras que todos los papeles oficiales (de carácter legal) que se tuvieran que firmar  iban a hacer de acuerdo su nombre registral.

Sin embargo, Araujo reconoce que a pesar que el acuerdo fue aprobado por unanimidad por las personas integrantes del Cabildo  hubo que pasar un proceso de concientización en relación al respeto a la identidad trans porque no sabían cómo realizar el trato social hacia ella, especialmente en cuanto al uso de los pronombres o el uso correcto de su nombre. En las actas de las sesiones, se lee como incluso en las primeras sesiones se le hacía referencia a partir de su nombre registral como su nombre social.

Como ella lo mencionó en su discurso de toma de protesta: su acceso a la regiduría de Guanajuato no tiene antecedentes en la historia política del Estado de Guanajuato. Tampoco en la historia del país.

Rebeca Garza

@Rivka_Azatl

Fuentes:

Jakelyne Barrientos, candidata trans a diputación local en Chihuahua y la invisibilización de la violencia política de género.


Jakelyne Barrientos Martínez, es una mujer trans muy conocida en Ciudad Juárez como figura local que en el año 2016 fue candidata por el PRD a la diputación local por el distrito 09 de Ciudad Juárez, Chihuahua.

Dado que Barrientos Martínez, no cuenta aún con una rectificación de su acta de nacimiento que reconozca su identidad de mujer como Jakelyne dada la omisión legislativa tanto federal como local al respecto, solicitó en su momento al Instituto Electoral de Chihuahua que en las boletas electorales apareciera su nombre de Jakelyne Barrientos, puesto que así era conocida en los diferentes actos de campaña.

Después de esta solicitud, sucedieron diferentes actos que obstaculizaron que ella tuviera respuesta a su petición: su representante de partido fue sustituida por otra persona y el Instituto Estatal Electoral de Chihuahua no contestó de manera formal si la solicitud podía ser atendida o no.

Las boletas electorales no salieron conforme ella lo había solicitado. Por tanto, posterior a la elección impugna y tanto el Tribunal Electoral de Chihuahua como la Sala Regional de Guadalajara del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, consideran como “inoperantes e infundados los agravios” argumentando que “la solicitud consistió en un cambio de nombre y no en la inclusión de un alias”.

Sin embargo, ambas sentencias creo que deben ser revisadas a la luz de lo siguiente:

  1. El caso no fue analizado con perspectiva de género.
  2. Las personas juzgadoras no tomaron en cuenta el Protocolo de actuación para quienes imparten justicia en casos que involucren la orientación sexual o la identidad de género* de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que contiene criterios orientadores claves como el test de escrutinio estricto frente a una restricción basa en categoría sospechosa o el test para detectar la discriminación indirecta.
  3. Tampoco fue beneficiada con la aplicación del Protocolo para atender la violencia política contra las mujeres para identificar la propia violencia que puedo haber vivido no sólo social sino desde el propio partido político hasta de las autoridades electorales administrativas y jurisdiccionales.
  4. Ignoraron el antecedente de 2003 en donde el entonces IFE aprobó la candidatura a diputación federal de Amaranta Gómez Regalado, permitiendo así que apareciera su nombre en las boletas electorales.**
  5. Asimismo, en las diferentes sentencias Jakelyne Barrientos es malgenerizada y desgenerizada violentado así, desde mi punto de vista, su dignidad como persona.

A pesar que la impugnación de Jakelyne Barrientos fue considerada infundada creo que es importante visibilizar su caso para enunciar y estudiar las diferentes formas de violencia de género que efectivamente vivió y que han sido invisibilizadas a partir de un discurso de neutralidad jurídica, especialmente en un país donde aún carecemos, a excepción de la ciudad de México, de leyes o reformas que reconozcan el libre desarrollo de la personalidad de las personas trans.

Rebeca Garza

@Rivka_Azatl

* Ver páginas 40 y 41.

**Ver páginas 11, 19 y 212.

Jakelyne Barrientos

Diana Marroquín Bayardo, primera candidata trans en el Estado de Hidalgo a presidencia municipal y diputación federal y precandidata la Gubernatura de Hidalgo.


Es la primera persona trans*, cuyo nombre y sexo femenino, aparece en el registro de una candidatura en el país. Ha sido también la primera persona trans* en ser candidata en el Estado de Hidalgo tanto a nivel municipal como a una diputación federal. Lo anterior, le ha permitido ser la primera mujer trans* en ser tomada en cuenta como parte de la entonces llamada cuota de género.

Aunque originaria de Tulancingo, Hidalgo, estudió en la Facultad de Derecho en Celaya, Guanajuato.  Sin embargo, desarrolla una trayectoria en los medios de comunicación siendo una figura conocida en la prensa, la radio y la televisión antes de ingresar a la competencia política.[1]

La experiencia de haber vivido violencia doméstica en el año 2001 así como la discriminación y revictimización[2] sufrida en su intento por encontrar justicia la lleva a fundar la asociación civil Al rescate de la mujer y su poder ciudadano con el objeto de defender a las mujeres que viven violencia en sus hogares.[3]

Su arribo a la política sucede en 2011 a partir de su trabajo en medios de comunicación. Su primer acercamiento fue con la coalición Poder con Rumbo, integrada por el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Convergencia, quienes le  ofrecieron una candidatura como suplente a la presidencia municipal al ayuntamiento de Tulancingo, Hidalgo.[4]

En esa elección, se tuvo una participación ciudadana en el municipio del 51.3% (56,800 votos). La candidatura de Marroquín Bayardo recibió el 0.6% de la votación (337 votos). Las principales fuerzas políticas fueron el PAN con el 30.2% de la votación (17,172 votos), Nueva Alianza con el 28.3% (16,048 votos) y PRI con el 26.8% (15,242 votos).[5]

Sin embargo, después de haber denunciado al Partido Convergencia por justificar gastos de campaña, que no le fueron otorgados, y en donde se falsificaron sus firmas se retira del partido. Posteriormente, recibe la invitación del PRD para ser candidata a una diputación por el distrito electoral federal 04 con cabecera en Tulancingo, Hidalgo para la elección de 2012 como parte de la Coalición Movimiento Progresista integrada además por el PT y el Partido Movimiento Ciudadano.[6]

En una entrevista al periódico El Universal señala que denunció a líderes del Movimiento Progresista porque consideró que le bloqueaban la candidatura bajo el señalamiento de “no postular para los ciudadanos católicos de Tulancingo a una mente retorcida”[7], juicio que ganó.

En esa elección federal, en el distrito electoral 04 de Hidalgo se obtuvo una participación ciudadana del 62.6% (146,243 votos). La Coalición Movimiento Progresista con la candidatura de Bayardo Marroquín se posicionó como la tercera fuerza política con 18.7% de la votación (27,402 votos). Las primeras dos fuerzas políticas fueron el PRI con el 35.4% de la votación (51,783 votos) y el PAN con 29% (42,43 votos).[8]

En el año 2016, fue precandidata a la Gubernatura de Hidalgo por el PRD,  en donde señala[9] haber sufrido persecución política de parte del gobernador en turno, quien intento sacarla de la contienda impidiendo llegar así a la candidatura a la Gubernatura de Hidalgo.

Luisa Rebeca Garza López

Marroquin

[1] Mota López, Dinorath. «Los sinsabores de la primera abanderada transgénero.» El Universal.mx. 04 de junio de 2012. http://archivo.eluniversal.com.mx/estados/86169.html (último acceso: 15 de marzo de 2017).

[2] Op. cit

[3] Red Política. «Diana Laura Marroquín Bayardo.» Redpolítica.mx. s.f. http://www.redpolitica.mx/yopolitico/perfil/diana-laura/marroquin-bayardo (último acceso: 15 de marzo de 2017).

[4] Redacción. «Convergencia postula a primer candidata transgénero en Hidalgo.» SPDnoticia.com. 8 de junio de 2011. http://www.sdpnoticias.com/estados/2011/06/08/convergencia-postula-a-primer-candidata-transgenero-en-hidalgo (último acceso: 15 de marzo de 2017).

[5] Instituto Estatal Electoral de Hidalgo. «Resultados electorales Ayuntamientos 2011.» ieehidalgo.org.mx. s.f. http://www.ieehidalgo.org.mx/images/Procesos/Resultados/2011EleccionOrdinariadeAyuntamientos/Ayuntamientos-2011.pdf (último acceso: 15 de marzo de 2017).

[6] Mota López, Dinorath. «Los sinsabores de la primera abanderada transgénero.» El Universal.mx. 04 de junio de 2012. http://archivo.eluniversal.com.mx/estados/86169.html (último acceso: 15 de marzo de 2017).

[7] Que es una forma de violencia de género basada en la patologización.

[8] Instituto Federal Electoral. «Sistema de Consulta de la Estadística de las Elecciones Federales 2011-2012.» Atlas de resultados electorales federales 1991-2012. s.f. http://siceef.ife.org.mx/pef2012/SICEEF2012.html# (último acceso: 15 de marzo de 2017).

[9] Entrevista personal